La palabra crisis no es sinónimo de pobreza absoluta, de
toda una población mendigando en la calle con ropa roída y remendada, que
parece ser que es lo que algunos necesitan ver para identificar una crisis. Eso
ni se ve ni se verá, como tampoco se vio en las crisis de los 70 y los 90, y
haberlas las hubo. Si había más de dos millones de parados, había otros 11 ó 12
trabajando. Y había gente en los bares, y en los cines, y la gente compraba
comida y ropa y se daba caprichos. Quien para identificar un periodo de crisis necesite
o espere ver a una mayoría de la población en paro, mendigando, vistiendo lo
que encuentra en contenedores, con bares y lugares de ocio desiertos, todos
metidos en casa y comiendo agua y pan duro; o no ha vivido crisis anteriores y
tiene una idea muy equivocada de lo que es, o intenta hacer ver que éstas únicamente tienen
lugar cuando el país se encuentre ante un panorama en el que jamás se verá, en
una especie de Mad Max, para negar la existencia de la crisis por no observarse
un caos que nunca se ha producido ni se producirá.
Crisis no es sinónimo de 10 millones de parados, de millones
de personas sin hogar o pasando hambre, de miles de empresas en quiebra y
negocios cerrados. Un país en crisis sigue funcionando perfectamente. Unos se
verán más afectados que otros, unos la sufrirán de lleno ya sea por la pérdida
del empleo o por la quiebra del negocio, pero otros conservarán su empleo,
otros conseguirán su primer trabajo y a otros no le afectará en absoluto.
La gran mayoría de la población continuará con su vida
normal, saldrá de bares, se irá de vacaciones y conservará su empleo. Una
crisis no es el Apocalipsis final, pero que la gran mayoría no se vea afectada
o lo sea de forma insignificante, no significa que otra mucha gente sí que se
vea directamente afectada, principalmente en sectores muy específicos que
afectarán a otrosindirectamente, y en razón de desempleo y endeudamiento muy
elevado en el caso de los particulares, o parón en el sector e igualmente
endeudamiento muy elevado, en el caso de las empresas.
De todas formas la crisis no ha hecho aún sino asomar la
cabeza, y simplemente se pueden observar los primeros síntomas de que ha venido
para instalarse, no sólo en España, sino en una mayoría de países. La economía
es cíclica, después de un periodo de vacas gordas viene otra de vacas flacas, y
esto es así desde que la economía es economía y sabido por todos.
En España la crisis va a durar lo que el sistema tarde en
asimilar otro sistema de crecimiento económico que no sea el ya agotado del
ladrillo y que nos ha dejado ya con una pésima balanza comercial y un
endeudamiento masivo que triplica el PIB. Y aunque la crisis global se
resolviera en poco tiempo, España tardará unos años más en encontrar sustituto
como locomotora económica a la que desde hace años lo ha venido siendo, la
construcción.
A día de hoy estamos en crecimiento negativo, que dentro de 6 meses
tomará el carácter “oficial” de recesión, pasando, y si no se logra controlar
la inflación en tiempo record, a un periodo indeterminado de estanflación
(estancamiento económico inflación) sin pasar siquiera por el periodo previo
de Goldilocks (crecimiento sin inflación).
En España, al igual que en EE.UU, hemos estado viviendo
estos últimos años por encima de nuestras posibilidades a costa de un elevado
endeudamiento con el exterior, y lo que en un principio ha sido bueno para la
economía mundial (en el caso de EE.UU, porque España pinta poco en la economía
mundial) son excesos que terminan por intoxicarla y que hay que purgar.