h1>Retos e incertidumbres de una 'economía sándwich'
Francisco Rodríguez Ortiz 22/06/2008
El
estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, el elevado
grado de apalancamiento financiero de los bancos de inversión,
el endeudamiento de las familias y empresas, la subida en vertical del
precio del crudo han colocado a la economía mundial al borde de
una crisis sistémica que impacta en Europa. La crisis de las subprime
ha mutado rápidamente hacia un colapso del sistema de
crédito debido a la práctica de las titulizaciones de las
deudas hipotecarias. La economía española, que ha dado
muestras de un gran dinamismo desde 1995, si bien aquejada de
debilidades estructurales específicas, no podía
permanecer inmune al contagio de esta crisis global.
La pérdida de competitividad ha llevado a un problemático déficit de la balanza de pagos
España está abocada a crecer menos a corto plazo y a reorientarse hacia sectores más productivos
Ha aprovechado la caída de los tipos de interés para
crecer por encima de la media europea y acelerar su proceso de
convergencia en materia de renta per cápita. Habiendo creado
más de seis millones de puestos de trabajo desde 1995, el
déficit público ha sido transformado en excedente
creciente a partir de 2004. Pero el recorte de los tipos iba a impulsar
también las inversiones en bienes inmuebles, cuyo precio se iba
a disparar. Las familias iban a elevar su nivel de endeudamiento y
pasarían a ser más sensibles al cambio de sesgo de la
política monetaria.
De hecho, los síntomas de
agotamiento se hacen patentes a partir de la segunda mitad de 2007. El
ritmo de crecimiento del PIB ya se ralentiza a partir del último
trimestre de 2007 como consecuencia de una crisis del sector de la
construcción y de que el consumo de las familias crece al menor
ritmo interanual desde 2003. La evolución favorable del mercado
de trabajo se empezó a deteriorar en octubre de 2007 y las
tendencias descendentes del ciclo económico se
confirmarían en el primer trimestre de 2008. Se
sucederían entonces las correcciones de las previsiones de
crecimiento para la economía española.
El Gobierno,
tras muchas vacilaciones y tras adoptar un paquete de medidas por un
importe superior a los 10.000 millones de euros destinado a
contrarrestar la atonía del consumo privado y de la
inversión, lo colocaba en el 2,3% pra 2008 y 2009. La
Comisión Europea, menos optimista, lo sitúa en un 2,2% e
2008 y en un 1,8% e 2009. En cuanto al FMI, que considera a la
economía española como una de las más expuestas al
ciclo inmobiliario, rebaja el crecimiento al 1,8% pra el año
2008 y al 1,7% pra 2009. Más allá de la batalla de
cifras, está claro que la economía española va a
padecer su mayor resfriado desde 1994. Aunque, como ya se puede
observar, tras haber saneado el Gobierno español las finanzas
públicas y gozar de mayor margen de maniobra presupuestario y
fiscal respecto de crisis anteriores (excedente del 2,2% e 2007 y
deuda respecto del PIB del 36%),va a dejar que actúen los
estabilizadores automáticos para no añadir a la
contracción de la demanda privada una restricción del
gasto público.
El ajuste en el sector de la
construcción, que ha llegado a superar el 12,5% dl PIB a
mediados de 2007 y a generar el 20% dl empleo total creado en estos 10
últimos años, queda supeditado a la intensidad de la
caída del precio de la vivienda. Lo cual surtirá efectos
negativos sobre el empleo. Por ese canal de transmisión
acusará más intensamente la economía
española los efectos derivados del endurecimiento de las
condiciones monetarias y crediticias (Euríbor por encima del
5,4%) ue los países de su entorno. España va a padecer
las consecuencias de unos excesos que la llevaron a construir
más de 800.000 viviendas en 2006.
El más selectivo
y oneroso acceso al crédito deprime un consumo privado que ya
está bastante debilitado por el creciente endeudamiento de las
familias, por la bajada del precio de la vivienda que anula el ilusorio
efecto riqueza, por la moderación salarial y las incertidumbres
que se ciernen sobre el empleo. Las familias optan, pues, por reducir
sus gastos de consumo y normalizar su situación financiera. De
ahí que siendo potente la herramienta de los tipos de
interés, no son la solución única a los problemas
de la economía. Hasta que las familias, empresas y bancos no
purguen los excesos y reduzcan su deuda, el consumo y la
inversión no se van a relanzar por mucho que bajen los tipos de
interés tanto menos cuanto que resulta previsible que el BCE,
temeroso de la dinámica inflación-salarios, se muestra
proclive a endurecer la política monetaria europea. Al
contraerse el crédito se agravan los problemas de venta y de
endeudamiento de los promotores. Ello influye negativamente en la
actividad de los propios bancos más comprometidos que en
ocasiones anteriores con la financiación de la promoción
de viviendas. Las inmobiliarias y constructoras, que se habían
endeudado hasta extremos desconocidos para ganar tamaño y
diversificar negocio, mantenían una deuda con las entidades
financieras superior a los 250.000 millones de euros a finales de 2007.
Así
pues, debido al diferencial de inflación, encarecimiento del
precio del dinero en un contexto de endeudamiento creciente de las
familias, precio de las materias primas y expectativas laborales
más inciertas, se seguirá contrayendo el consumo de los
hogares. Las inversiones, debido a la caída en picado de la
inversión residencial y a la atonía del consumo, no
crecerán más del 2,3% e 2008. En cuanto al empleo,
experimentará, en el mejor de los supuestos, un aumento del 1,4%
n 2008 y del 1% e 2009. Según el FMI, la tasa de paro
llegará al 9,5% e 2008 y ascenderá hasta el 11% e 2009.
Ya se encuentra por encima del 9,6% ycon tendencia al deterioro.
El
futuro de la economía española se va a ver condicionado
por la intensidad de la recesión en Estados Unidos, por el
deterioro del empleo, por la evolución del precio de las
materias primas y su transferencia a los precios finales así
como por las dificultades que puedan tener las entidades de
crédito para financiarse en los mercados internacionales a
sabiendas de que la eurozona no goza de una política monetaria
tan acomodaticia como la norteamericana y de que esa política
podría adoptar un sesgo más restrictivo en un futuro
próximo.
Pero, la economía española padece
también un problema endémico de competitividad agravado
por su diferencial de inflación y por la apreciación del
euro. Debido a su relativamente mala especialización sectorial e
intrasectorial y a su baja productividad, mantiene un abultado
déficit exterior en los productos de alta intensidad
tecnológica. Asimismo, sus importaciones de productos de bajo
contenido tecnológico están creciendo a ritmo sostenido y
estos productos van perdiendo peso en sus exportaciones.
Economía sándwich, se ve sometida a la dura competencia
de las economías más desarrolladas en los sectores de
elevado contenido tecnológico y a la competencia de los
países emergentes en los sectores cuya producción
requiere un uso menos intensivo de capital y de progreso
técnico. La pérdida de competitividad de la
economía española y sus decepcionantes logros en materia
de productividad han llevado a un déficit problemático de
la balanza de pagos por cuenta corriente. Ha rebasado el 10% dl PIB en
2007 y se mantendrá en esos niveles en 2008. Pero, aun siendo
este déficit externo más indoloro que en el pasado, al
pertenecer España a la UEM, revela una peligrosa tendencia al
endeudamiento de las familias y de las empresas. El modelo de
crecimiento español ha sido excesivamente dependiente de la
financiación exterior y la crisis financiera actual dificulta
tanto más la captación de ahorro internacional en cuanto
no gozan precisamente de buena prensa los bonos respaldados por
cédulas hipotecarias.
Los cuatro pilares del milagro
español, construcción, empleo de baja calidad en sectores
de débil valor añadido, consumo privado y endeudamiento
creciente ya no aguantan más. Pero, más allá de
los discursos voluntaristas en torno a la promoción de la I D i
-España gasta sólo el 1,1% d su PIB (0,8% e 2004)
frente al 2% d la Unión Europea o el 3% d Estados Unidos-,
inversiones en tecnologías de la información y de la
comunicación etcétera, parece difícil que los
sectores de mayor valor añadido puedan tomar el relevo a corto
plazo y ser los sectores de arrastre. La economía
española, pese a los compromisos formales adquiridos en torno a
la Estrategia de Lisboa, sigue presa de las inercias del pasado.
Además, el bajo nivel de los salarios nominales (precariedad,
inmigración) ha llevado a las empresas a apostar por una menor
capitalización que explica sus peores resultados en materia de
productividad total de los factores. Si bien toda Europa mantiene un
fuerte retraso en el sector productor de las TIC, más que en su
aplicación en los procesos productivos, España se coloca
en el furgón de cola. Consecuencia de sus importantes
debilidades estructurales, de un tejido productivo compuesto
mayoritariamente por pymes de muy pequeña
dimensión, menos comprometidas con la productividad y las
actividades exportadoras, y de su propio patrón de crecimiento
(importancia relativa del sector de la construcción y de un
sector servicios de bajo valor añadido), la economía
española tiene serias dificultades para compatibilizar la
creación de empleo con el aumento de la productividad. Lograr
dicha compatibilidad habría de ser tarea central del Gobierno.
Al no poder perdurar los factores monetarios que han apoyado el
crecimiento hasta la fecha, salvo que las economías centrales de
la eurozona entraran en recesión, España está
abocada a crecer menos a corto plazo y, por difícil que sea, ha
de reorientar sus esfuerzos de especialización hacia sectores
más productivos. -
Francisco Rodríguez Ortiz es profesor de Economía de la Universidad de Deusto.