Para Bluedegart: Frankfurt, ya he vuelto
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Hola, guapa!!!
Ya hemos vuelto de Frankfurt. Me ha encantado, es una ciudad de contrastes. Por supuesto que no puedes dejar de ver el Romerberg y toda la zona. La oferta de museos es muy extensa, pero si vas con niños no te pierdas visitar el Palmengarten y el zoo, que seguro que disfrutan como enanos. La zona del Zeil está muy bien, tiene mucha vidilla. Lo único, si vas con niños, intenta que el hotel no esté en la zona de la estación, digamos Munchener Strasse, Kaiser Strasse... porque por esa zona se concentran los locales X, sex-shops y prostíbulos. Vamos, no sé, a lo mejor eres muy liberal, pero digamos que los negocios son bastante explícitos, que no se limitan a poner un cartelito, hay un montón de fotos en los escaparates. Y es que la prostitución está legalizada.
Seguro que a los críos les encanta la zona de los rascacielos, que son de ver. Desde cualquiera de los puentes que pasan por encima del Main tienes una vista genial de los rascacielos, porque cuando los ves estando al lado de ellos no aprecias nada, dada su envergadura. En el Eischener Bröke (uno de los puentes) puedes coger Ferrys que te llevan por el Main. Tienes cruceros desde 50 a 100 minutos, y los hay que te llevan hasta la desembocadura con el Rhin.
Y no te pierdas ir a comer a una sidrería típica, que se concentran en el Schansenhausen (no sé si lo he escrito bien), al otro lado del río, detrás de la ribera de los museos, concretamente en Schwaiser Strasse. Te recomiendo la de Adolf Wagner, en esta misma calle, en el número 71. Es un sitio precioso, una de las pocas sidrerías que se mantienen como antiguamente, porque soportó el bombardeo. Podrás degustar comida típica de Frankfurt y la sidra (apfelwein). Ah, y además hablan español. Y después os tomáis una cafecito en un mexicano que hay haciendo esquina, ya que ahí no tienen cafetera.
Más sitios bonitos: la zona universitaria, al lado está el museo de ciencias naturales, verás cómo a los críos les gusta los dinosaurios que hay delante. Os pilla de camino al Palmengarten. La Alte Opera (opera antigua). Y museos hay mil.
Un sitio guay para comer (no es barato, pero tampoco especialmente caro) es un italiano que está al principio de Kaisser Strasse, hacia el lado de la estación no, al otro lado, que se llama Negroni. Preparan unos cocktails bestiales (también sin alcohol, que a los peques igual les hace ilusión), y la atención es exquisita. El camarero de la barra se llama Mauricio y es hispano (por el acento, diría que cubano) y muy muy atento. El comedor es muy acogedor, por las noches cenas con velitas y en verano la parte de arriba se abre y es como si comieras al aire libre.
En fin, si se me ocurre algo más ya te contaré. Si quieres preguntarme algo sobre el aeropuerto, trenes y demás, me dices, ¿vale?
Un beso.


