De momento Pitu no ha vuelto. Por si acaso tiene una jaula al lado de la jaula de Pita, y dos nidos a su disposición. Pita ya no la llama, está en un rincón de la jaula, y no quiere saber nada de mi.
Por mucho que me digais, sé que a menos que alguien la atrape (cosa prácticamente imposible), Pitu morirá, o bien de inanición, o bien devorado por algún animal salvaje o doméstico. No sabe buscarse la vida, y aquí no hay nada que pueda comer. Además a Pitu no le gustan las verduras, a duras penas conseguía que comiera algo de pimiento y lechuga verde, todo lo demás no le gusta. Y entenderéis que no crece alpiste de las farolas.
Encima los agapornis no soportan el frío, y aquí hace frio por las noches (todas las noches los tapaba con una mantita). Y si ahora hace frío, imaginad en invierno... hiela cada noche, aquí los loros no pueden sobrevivir en libertad.
Sé que soy negativa y pesimista, pero sé que es así, que no lo puedo cambiar, y me siento impotente... si el lugar de una simple pinza de madera, hubiera asegurado las puertas con alambres, Pitu estaría ahora tan feliz en su jaula, con Pita. Pero la incomodidad de tener que deshacer un alambre cada día, me hizo decidirme por una pinza de madera, que nunca hubiera imaginado fueran capaces de sacar.
Estoy buscando una hembra para mi agapornis soltero, pues me preocupa verle arrinconado y callado, pero nunca olvidaré a Pitu, se hacía querer...