El problema es que la comida vegetariana no tiene mucho éxito entre la mayoría de los adolescentes y jóvenes... Bueno, y no ya la opción vegetariana, sino las frutas y verduras en general. Seguro que lo habréis apreciado si tenéis hijos o sobrinos. Les cuesta horrores, y estoy convencida de que a muchos os habrá ocurrido como a mí, que sólo os concienciasteis de lo importante que es llevar una dieta equilibrada cuando ya estabais hasta el gorro de comer hamburguesas, pizzas y golosinas. Eso, salvo excepciones, no ocurre hasta bien entrada o ya pasada la adolescencia. Además, la comida basura ha sido y es parte de la vida social cuando uno es joven, sale con los amigos y no tiene mucho dinero. ¿Qué le vamos a hacer? Además, imagino que las empresas de catering no ven rentable preparar menús para un público tan reducido.
Pese a todos estos comentarios, no justifico en absoluto la falta de alternativas sanas (vegetarianas y no vegetarianas) en institutos, universidades e incluso cafeterías de los lugares de trabajo. ¡Os entiendo perfectamente! En el instituto donde trabajo, la guarnición del segundo plato es invariablemente, de lunes a viernes, patatas fritas. ¡Pero es que muchas veces es lo único que comen los chavales! Se dejan la ensalada o las legumbres del primer plato, e incluso a veces hasta la carne o el pescado del segundo, y se limitan a comerse las patatas embadurnadas de ketchup o mayonesa... ¿Y qué le vamos a hacer?
Desde luego es una lástima.