Karl Lagerfeld siempre ha sido una figura a la que admirar. Creativo, visionario, polifacético e incansable, ha dejado huérfana a la moda. Ha sido uno de los grandes con mayúsculas y como profesional ha dedicado toda su vida a crear cosas bonitas, a vestir, fotografiar, dibujar y embellecer a la mujer. Trabajador incombustible, creó su propio uniforme de camisa blanca, traje y corbata negros con su cabello recogido en una coleta y gafas oscuras ("para no enseñar su mirada de perrito bueno" según sus propias palabras). Extravagante, tildado de superficial y en muchas ocasiones poco diplomático debido a que decía lo que pensaba aunque fuera desagradable, perdió 40 kilos en poco más de un año con el objetivo de poder ponerse la colección que diseñó Hedi Slimane para Dior, hecha exclusivamente para un público delgado.
Es cierto que como persona puede que no estemos muy de acuerdo en algunas cosas, pero como profesional, deja un impresionante legado difícil de superar. Ya de joven tenía claro que lo suyo era la moda. Fue asistente de Pierre Balmain, tras ganar un concurso y desbancar al mismísimo Yves Saint Laurent. Trabajó con los mejores, y en las mejores casas.. Patou, Chloé, Fendi, y después Chanel, de la que fue director creativo desde 1983. Relanzó la marca en un momento muy delicado, hizo creaciones inverosímiles, cada colección levantaba una auténtica expectación (la última colección se presentó en una "playa"), sus diseños siempre han tenido un toque divertido y sobre todo, eran muy rentables, y lo más importante es que siempre ha conseguido mantenerse fiel al estilo icónico de Coco Chanel, perpetuando su esencia y adaptándola al momento actual.

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