¿Sabes ese momento en el que te miras al espejo después de aplicarte colorete y de repente tu cara cobra vida? Ese toque de color en las mejillas no es cosa menor. Un buen rubor puede cambiar por completo tu expresión, iluminarte el rostro y darte ese aire de salud que todos buscamos, aunque sea un día gris de invierno.
Lo interesante es que mucha gente cree que el colorete es un producto que solo sirve para las ocasiones especiales. Error. Cuando lo dominas —y hablo de saber dónde aplicarlo y qué tono elegir—, se convierte en tu mejor aliado del día a día. Es lo primero que me pongo después de la base, sin falta.
Te vamos a mostrar desde las técnicas más efectivas para aplicarlo según tu forma de rostro, hasta los tonos que funcionan mejor con tu tipo de piel, passando por las texturas que quizá no habías probado todavía.
No todas las caras necesitan la misma técnica. Aquí descubrirás cómo adaptar la aplicación a tu forma específica para lograr el mejor resultado posible.

Los fundamentos son más importantes de lo que parece. Todo lo que necesitas saber sobre la colocación correcta del color y la intensidad que debes usar.

Hay una forma de aplicarlo que va más allá de lo convencional. Te sorprenderá cómo esta técnica puede transformar tu maquillaje en cuestión de segundos.

El objetivo máximo: lograr que parezca que tienes ese rubor natural que da la naturaleza cuando te ruborizas. Aquí te explicamos cómo conseguirlo.

Elegir el color equivocado es más común de lo que crees. Un repaso por los mejores tonos según tu complexión y subtono de piel.

La textura en crema tiene sus propias reglas. Descubre cómo aplicarlos sin que se noten parches y consigue un acabado impecable.

No es lo mismo lo que funciona en una piel clara que en una morena. Te mostramos exactamente qué tonalidades resaltan mejor en cada caso.

Las pieles pálidas tienen sus propias exigencias con el colorete. Aquí te revelamos cómo elegir la intensidad y el tono para que no quede artificial.

Con estos recursos tendrás todo lo que necesitas para dominar el arte del colorete. Porque, al final, lo que importa es que te mires al espejo y te sientas guapa. Eso es lo único que cuenta.