¿Qué crees que dirían tus vaqueros favoritos si pudieran hablar? Yo voto por el típico “dame un respiro” o, quizás, “déjame descansar un poco”. No es para culparlos, ¿cuántas veces eres capaz de ponértelos en una semana? Lo peor –o mejor, todo depende de la perspectiva- es que mientras más los usas, mejor te quedan y cuanto más desgastados, más te gusta el lavado.
El denim –nombre que recibe el paño con el que están hechos tus vaqueros- hace su primera aparición en la era medieval. En sus inicios, la tela conseguida, se utilizaba para la fabricación de velas de barcos, tiendas de campaña y toldos debido a la resistencia del tejido. Tardarían más de dos siglos en empezar a usarlo como material para la confección de ropa, y es que no fue hasta 1873 que nuestro –aún no conocido- mejor amigo, el señor Levi Strauss, patentara los primeros pantalones. Su primer uso para vestir fue como ropa de trabajo.
Mucho tuvo que llover para que se pusieran de moda y fueran tendencia, casi cien años. Corrían los años 60 y los hippies -esas almas libre reivindicadoras de paz- fluían, de manifestación en manifestación, envueltos en las más amplias campanas de mezclilla. Hasta entonces, los jeans habían sido considerados prendas para jóvenes rebeldes en los que influían la manera de vestir de estrellas de cine y televisión como James Dean
Poco o nada tardaría en extenderse su uso gracias, en parte, a iconos como Jane Birkin, creadora de los looks más casual e in de aquellos años, protagonizados por vaqueros impecables de caída holgada y sencillas camisetas blancas con bajos escotes. Unos pantalones que no eran de diseñadores reconocidos y no llevaban bordados los nombres de las grandes marcas. Tampoco lo necesitaban.
Imagen The Red List

Imagen: New York Mag

Moda vaquera Chloé 2011
Imagen Glamour

Desfile Chanel en Dallas A-W 2014
Imagen Vogue

Imagen Vogue

Imagen DKNY Campaña primavera campaña primavera 2013

Imagen Vogue