En la actualidad, al analizar los procesos fisiológicos que tienen lugar tanto en una piel sana como en una piel enferma se debe recurrir a lo que se conoce como cosmética inteligente, la cual tiene en cuenta el papel de los fenómenos de resistencia del organismo desde el punto de vista de la biología molecular.
El mantenimiento de una resistencia adecuada por parte de la piel depende de la efectiva colaboración de las células linfáticas que, provenientes de la médula, residen en la piel: de los granulocitos, los monocitos, los macrófagos (se trata de los llamados linfocitos T, dependientes del órgano linfático central —del timo, lugar donde maduran— y, además de los linfocitos B, independientes del timo, que se diferencian bajo la acción del tejido linfático del tubo digestivo). Las células sanas del sistema inmunológico son capaces de destruir a las sustancias patógenas de forma directa (la llamada citotoxicidad local) o indirecta mediante la producción de proteínas inactivantes o anticuerpos.
Para que en el tejido cutáneo tenga lugar una defensa eficaz se deben mantener algunas condiciones: el papel esencial de los linfocitos T y la producción de las llamadas células de memoria de los patógenos que hayan aparecido, así como una buena colaboración entre los linfocitos T y los B durante el proceso de elaboración de los anticuerpos. Es también muy importante la función de los linfocitos T supresores (limitadores) que desempeñan una función muy importante en el control inmunológico.
Durante los procesos de colaboración entre las células tiene lugar un envío de señales intracelulares en forma de soluciones proteicas micromoleculares llamadas citoquinas. Con este nombre es denominada una amplia gama de proteínas: los factores del crecimiento molecular, interleucinas y monocinas, además de las chemokinas. Las citoquinas estimulan o frenan la multiplicación y maduración de las células, el traslado de éstas hacia los lugares infectados, la destrucción de las células tumorosas y, además, se ocupan de la producción de diferentes substancias (entre ellas de otros tipos de citoquinas y, también, de colágeno).
Las citoquinas son de mucha importancia desde el punto de vista de la cosmetología. Están presentes en la piel y son responsables de funciones protectoras tales como la renovación de la epidermis y la sintetización del colágeno y, además, participan en los procesos de corrección de los fenómenos de degeneración relacionados con la edad.
Las citoquinas más importantes de la piel son producidas por los queratinocitos; células vivas procedentes del estrato basal de la epidermis.
Éstas estimulan o frenan la actividad de los fibroblastos (células que se forman en los tejidos como resultado de su transformación en macrófagos) y también la de las células del endotelio de los vasos sanguíneos de la piel, y de las células de pigmentación (los melanocitos).
El efecto que impulsa a los fibroblastos a multiplicarse y a fabricar el colágeno lo producen las siguientes citoquinas:
Otras células que también producen sustancias que pueden estimular el crecimiento de los fibroblastos pueden ser, entre otras:
Uso del colágeno en el tratamiento de enfermedades de la piel
Las observaciones clínicas apuntan hacia resultados positivos mediante el uso del colágeno en el tratamiento de diferentes tipos de enfermedades alérgicas de la piel, así como también en los casos relacionados con alteraciones escamosas en la epidermis (psoriasis, lesiones escamosas engrosadas e inflamadas), y también en enfermedades de la piel debidas a un incorrecto funcionamiento de las glándulas sebáceas (acné vulgar y acné rosácea) a excepción de los casos con profundos cambios purulentos que exigen un tratamiento previo de desinfección.
En algunos casos graves de psoriasis, cuando los avanzados trastornos ocupan una amplia superficie de la piel y van acompañados de exudación, el uso de colágeno puede no producir el efecto esperado.
Tampoco es aconsejable el uso de colágeno transdermal en los casos de una larga exposición terapéutica a rayos ultravioleta de fototerapia para psoriasis después de una previa sensibilización de la piel a la luz con sustancias de origen vegetal (psoralenos), puesto que la contención de la división celular y la desintegración de las células de la epidermis exige de un tiempo más prolongado para su regeneración.
Son excelentes los efectos alcanzados mediante el uso del colágeno transdermal en el tratamiento de enfermedades prolongadas de los vasos sanguíneos (varicelas), que tienen lugar con los cambios tróficos causados por isquemia de la piel y el tejido subcutáneo.
En otros defectos de la estructura de colágeno de la piel y el tejido subcutáneo, como por ejemplo en las estrías adquiridas o de nacimiento, o en el caso de una distribución irregular del tejido adiposo, conocido como celulitis o acumulo de tejido adiposo, la aplicación regular de colágeno transdermal durante algunos meses restituye gradualmente las condiciones fisiológicas.
El colágeno transdermal utilizado con el objetivo de acelerar la cicatrización de heridas abiertas producto de lesiones en la piel, aplicado en las zonas alrededor de la herida, cumple excelentemente la función esperada.
También el colágeno aplicado regularmente durante un tiempo prolongado sobre diferentes tipos de cicatrices producto de lesiones o debidas a operaciones quirúrgicas produce unos excelentes efectos cosméticos.
En el caso de un crecimiento exagerado del tejido cicatricial en el sitio de una lesión cutánea —o hiperplasia benigna conocida como queloides—, es necesario comenzar a usar el colágeno 3 o 4 semanas después de haber terminado el tratamiento externo de la piel con productos tales como 5 fluorouracil (5-FU) en forma de cremas y ungüentos. Esta precaución se debe mantener dada la posibilidad de un incremento de la infección en el área del queloide durante un tratamiento paralelo con el objetivo de disminuir la multiplicación de las células tumorosas como efecto del uso del colágeno transdermal. Parece ser que la capa de colágeno aplicada al queloide puede llegar a bloquear las posibilidades de la epidermis para librarse gradualmente de los productos metabólicos de la desintegración de las células del queloide durante una terapia para detener la división de las células patológicas y llegar a su destrucción final.
También se logra un efecto excelente mediante la utilización de colágeno para el tratamiento de quemaduras de primer grado de la piel.
Sin embargo, es aconsejable demorar el comienzo de la aplicación del colágeno en casos de quemaduras producto de radioterapias para tumores malignos de la piel u otros órganos en los que haya aparecido un extenso sonrosado de la piel y un resecamiento de la epidermis. Las reacciones tempranas y agudas de la piel después de la radioterapia son producto de las reacciones secundarias que tienen lugar en los tejidos adyacentes debido a la ionización.
El objetivo final de la radiación es alcanzar la molécula de ADN que se encuentra en el núcleo de las células trastornadas por el tumor para lograr su desintegración como resultado directo de la radioterapia. La acción indirecta consiste en la producción de radicales libres en las células de destino. Los radicales libres, como moléculas extremadamente inestables, pueden también dañar al ADN y, de este modo, se profundiza la destrucción de las células tumorosas.
Las reacciones prematuras post radiación aparecen antes de las 6 semanas después de haber concluido la radioterapia. Para permitir a los tejidos fibrosos de la piel librarse de los metabolitos, que han resultado de la desintegración de las células, no es hasta después de haber transcurrido ese período de tiempo cuando se aconseja el uso del colágeno transdermal. Sin embargo, en el caso de viejas cicatrices producidas por tratamientos de radiación siempre se puede utilizar el colágeno transdermal y obtener un excelente efecto cosmético.
Arriba hemos expuesto las cuestiones más importantes que tienen relación con la consolidación de un tratamiento efectivo y seguro para algunos tipos de enfermedades dermatológicas tratadas por la cosmetología actual.
Las nuevas interrogantes acerca del efectivo papel del colágeno transdermal en la cosmetología y la medicina y en relación a cómo usarlo son el resultado de los nuevos y constantes descubrimientos que están teniendo lugar en el campo de la medicina biomolecular.