Si soy sincera, tengo que reconocer que tengo más bálsamos labiales (o cacao de labios) de los que puedo usar, y más aún, antes de que caduquen.
Los tengo naturales, de sabores, de farmacia, bonitos-pero-inútiles... Supongo que ya sabréis a lo que me refiero porque seguramente no sea la única.
El caso, que hace tiempo leí (y apunté) qué debería tener (o no) un bálsamo labial y de ahí la entrada de hoy.