El consumo de cosmética aumenta cada año y siguen siendo las mujeres las mayores consumidoras de estos productos. Pero, ¿qué sucede con la cosmética natural?

Uno de los principales motivos es la falta de legislación específica. La industria cosmética se rige mediante el Reglamento CE nº 1223/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo del 30 de noviembre de 2009 sobre los productos cosméticos.
En la legislación vigente no existe ningún punto concreto para la cosmética natural y tampoco existe un Reglamento específico que la trate.
Por este motivo los fabricantes de cosmética 100 % natural decidieron crear las certificaciones con las que garantizaban el contenido natural de sus productos y la ausencia de tóxicos y químicos en sus formulaciones.
Con los certificados se le proporciona al producto un valor añadido no solo con respecto a su contenido, también sobre su producción respetuosa con el medio ambiente y la prohibición de testar cualquier ingrediente o el producto final en animales.
Los parabenos son utilizados en la industria cosmética como conservantes. Algunos parabenos se pueden extraer de la naturaleza, como es el caso de los arándanos, pero los más utilizados son según su nomenclatura: E214, E215, E216, E217, E218 y E219. Estos seis conservantes contienen metanol, etano o propanol.
Su mala reputación surgió a partir de un estudio realizado en Reino Unido en el año 2009 que determinó que un alto porcentaje de tejido cancerígeno extraído a un grupo de mujeres con cáncer de mamá contenía parabenos.
Los aceites minerales y la parafina proceden de la destilación del petróleo. Los encontramos en el listado de ingredientes como: paraffinum, parafina, petrolatum, paraffinum liquidum, petroleum, pafaffinum liquidum, vaselina, mineral oil o glicol propileno.
Estos ingredientes no proporcionan hidratación al no penetrar en la piel; su función es la de evitar que la dermis se reseque creando una capa impermeable sobre ella y protegiendo frente a las agresiones externas.
Su controversia viene dada porque dicha capa no permite que la piel respire porque tapona los poros. En las cremas faciales proporcionan una sensación sobre el rostro de suavidad e hidratación irreal.
Esto provoca que la piel en realidad se reseque aún más e incluso se sospecha que hace que la piel sea más sensible a la exposición solar. Además, son grandes alérgenos que pueden llegar a producir reacciones graves sobre la piel.
Muchas de las cremas faciales convencionales contienen aromas sintéticos en sus formulaciones.
En el listado de ingredientes las palabras aroma, perfume y perfum pueden englobar a más de 3.000 ingredientes. Algunos de ellos han sido analizados, pero en la gran mayoría se desconocen las reacciones que pueden llegar a causar en contacto con la piel.
Legalmente se permite para garantizar el secreto de la formulación de los productos, y con ello los fabricantes de cosmética convencional pueden seguir utilizando aromas químicos sin control. Los aromas artificiales son grandes alérgenos y preocupantes para las pieles más sensibles.
