La piel de la cara no solo es muy sensible, sino que, además, es la más exigente. En contraposición con otras partes del cuerpo, la cara siempre está expuesta a la influencias externas, y son muchas las ocasiones en que está cubierta de cosméticos. Puesto que el rostro es algo que no se puede ocultar, siempre llamarán la atención las imperfecciones, rojeces e hinchazones que pueda sufrir, lo cual es un motivo más que suficiente para que dediquemos a la piel de nuestra cara esmerados cuidados.
Determinar el tipo de piel;
Para proteger y cuidar la piel como es debido, será necesario disponer de los productos que más le convengan, que serán distintos de una persona a otra. Una crema que le haya ido de perlas a las primeras arrugas de tu mejor amiga, a ti, en cambio, te puede resultar fatal. La única forma de encontrar la crema adecuada a cada tipo de piel es dedicarse a probar distintos productos de la farmacia, la droguería o la perfumería, y descubrir cómo se comporta con ellos la piel en cada una de las estaciones. La crema que protege en el crudo invierno resultará demasiado grasa y untuosa en un verano muy caluroso. Tampoco conviene tratar las pieles secas o sensibles con productos especiales para cutis grasos o con imperfecciones. Una crema o una loción limpiadora mal escogidas pueden provocar o acentuar problemas cutáneos.
Lo primero es terminar el tipo de piel, para poder aplicar la crema necesaria en cada caso.
PIEL NORMAL:
La piel normal no llama la atención ni suele dar problemas: apenas se tensa después de la limpieza y al cabo de unas horas desarrolla un ligero brillo. No suele presentar granos ni espinillas, y se mantiene lisa y sedosa.
PIEL GRASA:
La piel grasa se caracteriza por mostrar grandes poros y espinillas oscuras. De vez en cuando también presentan granos, y a lo largo del día desarrolla un marcado brillo, sobre todo en la zona T (frente, nariz y barbilla). Apenas muestra arrugas producidas por la sequedad.
PIEL MIXTA:
En el caso de una piel mixta, se simultanean en la cara las zonas secas con las grasas. Por lo general, las zonas grasas se sitúan en la frente, la nariz y la barbilla, pero junto a ellas hay áreas secas. En esas áreas la piel presenta unos poros pequeños, desarrolla mucho menos brillos y casi no muestra imperfecciones, aunque puede agrietarse y sufrir descamaciones.
PIEL SECA Y MUY SECA:
Al pasar la mano por una piel seca o muy seca, se nota agrietada. Después de la limpieza se suele experimentar con este tipo de piel una sensación de tirantez que mejora al aplicar una crema. La piel seca puede descamarse y formar pequeñas arrugas prematuras a causa de la propia sequedad. Puesto que sus poros son muy pequeños, no suele mostrar espinillas ni granos. Muchas mujeres, con la edad, pasan a tener la piel seca. Si no se reacciona a tiempo se utilizan unos productos poco adecuados, la piel seca puede convertirse con rapidez en una piel sensible, puesto que, además de perder humedad, por la capa porosa que la protege pueden penetrar bacterias y otras sustancias dañinas.
PIEL SENSIBLE O ALÉRGICA:
La piel sensible suele presentar rojeces, sobre todo en la zona de la boca, y reacciona de forma muy visible ante las influencias medioambientales. Este tipo de pieles se ven muy afectadas por el aire seco o de la calefacción o por el frío extremo. Además, ante determinadas sustancias activas reaccionan con irritaciones o enrojecimiento.