¿Has oído hablar del láser facial pero no sabes cuál es el mejor en tu caso? ¿Son todos iguales? ¿Es el mismo que utilizamos para la depilación definitiva?
Existen muchas dudas en este tema y tenía muchas ganas de contar con la doctora Gabriela Arana en la web de PielPerfecta.top para resolverlas.

Gabriela es mi dermatóloga desde hace muchos años. Gran profesional y persona, con todos los cuidados que necesita mi piel me da mucha tranquilidad tenerla cerca :).
Os dejo con ella. Si hay dudas o comentarios utiliza el formulario inferior.
En dermatología usamos distintos tipos de láser y luz según lo que queramos conseguir.
Si lo que buscamos es quitar arrugas, mejorar cicatrices (de acné, cirugías, accidentes, etc.) o renovar la piel de forma completa, el rey es el láser de CO2.
Con este láser somos capaces de trabajar la piel de modo que se regenere el tejido desde la profundidad, estimulándolo para que fabrique mucho colágeno y recupere su elasticidad.
De esta forma, la piel tiene un aspecto más tenso, más rejuvenecido, con una mejor textura y con menos arrugas e irregularidades.
Cuando queremos principalmente quitar manchas y rojeces, dar luz y vitalidad con una recuperación fácil y manteniendo las actividades normales del día a día, lo ideal es hacer luz pulsada, ya que limpia la piel en profundidad sin generar ningún tipo de costra ni herida.
Además, con un número mayor de sesiones (de 3 a 5) ejerce efecto en capas más internas de la piel, estimulando a la producción de colágeno y ayudándonos a envejecer más lentamente.
Por otra parte, el tratamiento con láser puede aplicarse también en cuello, escote y manos, que son zonas más expuestas a la radiación solar y donde el paso del tiempo se hace más evidente.
La recuperación, depende del tipo de láser utilizado, y también de la persona, de la sensibilidad de su piel y de la intensidad de la energía que se haya utilizado.
Cuando hacemos tratamientos donde queremos remodelar el colágeno a fondo como con CO2, existen pequeñas heridas o costras que suelen durar unos 5 a 7 días.
Durante ese tiempo y dependiendo del pudor o actividades de cada paciente, algunos siguen con su vida habitual y otros prefieren estar menos visibles especialmente los primeros 3 a 4 días.
Con el resto de los láseres, sólo se produce rojez y escozor que dura unas pocas horas. Luego hay un “empeoramiento” de las manchas durante unos días, mientras afloran para desaparecer, pero que se cubren sin dificultad con maquillaje o con un protector solar con algo de color.
A los 10 días, la mayoría de las manchas han desaparecido, pero la mejora continúa a lo largo de 3 a 4 semanas, que es cuando se suele hacer la revisión.
Hay que tener en cuenta que, aunque el láser nos ayude a borrar las manchas que ya nos han aparecido y a generar colágeno, el paso del tiempo se puede ralentizar pero no frenar por completo.
Quien quiere que su piel permanezca en óptimas condiciones, deberá realizar un mantenimiento periódico.
Según qué láser hemos utilizado se sienten más o menos molestias.
En caso de la luz pulsada y los otros láseres como con los que tratamos varices, aunque puede resultar algo incómodo, suele ser muy bien tolerado. Más aún cuando usamos un dispositivo llamado Zimmer(R), que mediante un chorro de frío disminuye la sensibilidad de la zona.
Para minimizar las molestias del láser más potente (el de CO2), además del Zimmer(R) usamos normalmente crema de anestesia de 30 a 60 minutos antes del tratamiento.
Aunque muchos láseres hacen efectos múltiples, en general cada láser tiene un uso concreto. Por eso elegimos, por ejemplo, luz pulsada o IPL para tratar manchas, láser de CO2 fraccional para estrías o arrugas faciales, Neodimio Yag o colorante pulsado para varículas o arañas vasculares, etc.
La luz pulsada y el láser no son lo mismo. Son diferentes en cuanto a la longitud de onda que emiten y la forma en la que lo hacen.
Con IPL nos referimos a la luz pulsada intensa (por sus siglas en inglés).
Se trata de una luz de alta intensidad en un haz concentrado que, para hacer efecto, debe entrar en contacto con la piel a través de un cabezal. La sensación es de un flash muy intenso que se activa con cada disparo. Es muy versátil y lo usamos para muchas cosas, pero fundamentalmente para eliminar lesiones pigmentadas, ya sean marrones o rojas, del rostro, escote o manos (también se pueden utilizar en el resto del cuerpo, y hemos tratado hombros, brazos, espalda…).
Los láseres reciben el nombre según el gas que se utilice para generar el haz de luz.
No, hay láseres específicos para depilación. Y, dentro de los láseres que depilan, también hay distintos tipos.
Se eligen dependiendo del fototipo (piel más clara u oscura), el tipo de pelo (más fino o más grueso), la localización
Alguno, como el Alejandrita, si bien es algo más doloroso que el diodo, es muy específico y eficaz. Otros, como el Neodimio son más seguros para usar en pieles más morenas.
El láser de Diodo es actualmente uno de los más usados. Tiene un buen equilibrio entre dolor, seguridad en pieles algo más morenas (aunque no tanto como el Neodimio) y eficacia.
El objetivo de la depilación con láser es destruir el folículo piloso y esto lo hace a través del melanocito que, cuando absorbe la luz, se calienta y transmite este calor al folículo que queda dañado y le impide que vuelva a crecer el vello. No lo destruye de forma definitiva, sino que lo “adormece”.
La recuperación de ese pelo va a depender de la zona del cuerpo, ya que, por ejemplo, el ciclo de crecimiento del vello de nuestras piernas es de años pero, el de la barba o el bigote, es de unos 4 a 6 meses, que será cuando habrá que hacer un recuerdo.
Por otra parte, el pelo se recupera más o menos rápido dependiendo de las hormonas. Así, a un hombre o una mujer con alteraciones hormonales como el síndrome de ovario poliquístico, suele tener menos duración y debe repetir las sesiones más seguido que lo habitual.
Aunque pueda parecer extraño, el vello más difícil de eliminar es el rubio porque, al faltar melanina, no se produce ese calor necesario para destruir el folículo piloso.
Y, cuando el pelo está ya blanco, no es reconocible por ningún láser. Por más que vendan tintes o “pigmentos” que prometen hacer el vello visible para la luz ninguno llega al folículo, que es donde el láser debe impactar.
Por eso, la única opción en canas es la depilación eléctrica.
Sí. Las pieles más morenas o con tendencia a mancharse tienen que ser tratadas SIEMPRE por un médico con mucha experiencia. Incluso hay algunos tipos de piel en los que no utilizamos láser porque el riesgo supera el beneficio.
Tampoco hacemos tratamientos láser en épocas de mucho sol, ya que la mayoría de los láseres no distinguen un moreno por bronceado de una mancha, y podríamos quemar la piel.
Además es importante no aplicar ciertos tipos de láser cuando hay enfermedades que se activan con el sol (como la erupción solar polimorfa o el lupus).
Si el paciente tiene, por ejemplo, un vitiligo en progresión, hay riesgo de provocar un brote, o si se están tomando determinados medicamentos puede existir una hipersensibilidad solar.
Como hemos visto, cada láser tiene un objetivo, y cada persona necesita un tratamiento diferente. Por ello, le recomendamos realizarnos una consulta para recibir un presupuesto personalizado.
También suelen existir promociones donde se pueden conseguir precios más económicos si se compran varias sesiones de tratamiento.
Lo que no hay duda es que hay que acudir a personal especializado de confianza. No podemos someter nuestra piel a un riesgo innecesario.
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