Si os habéis fijado el color aguamarina prácticamente nunca lo utilizo en mis estilismos. Es un color que no termina de gustarme porque hace que mi piel se vea aun más blanquita, pero siempre existen excepciones como en el vestido de gasa que os enseño hoy. En un principio lo iba a llevar con sandalia dorada, pero el tiempo se puso feo lloviendo a ratos por lo que opté por unos zapatos dorados cerrados, que no me gustan tanto para este look, pero que tampoco quedan mal.