
El flujo vaginal es un líquido transparente o lechoso que tu cuerpo produce de forma natural para mantener la salud de la vagina. Su principal función es facilitar las relaciones sexuales y favorecer el desplazamiento de los espermatozoides hacia el óvulo.
Además de estos roles reproductivos, el flujo vaginal cumple una función protectora muy importante: mantiene el pH ácido de la vagina e impide el crecimiento de gérmenes que podrían causar infecciones. Es decir, tu vagina se limpia y se protege a sí misma gracias a este flujo.
El flujo vaginal no es siempre igual. Cambia dependiendo de tu ciclo menstrual, tu edad y otros factores naturales, y esto es completamente normal.
Los aumentos de flujo ocurren en estas situaciones:
Por el contrario, durante la infancia y la menopausia el flujo disminuye de forma natural, ya que hay menos actividad hormonal y sexual en estas etapas.
Debes estar atenta a los cambios en tu flujo vaginal. Si notas un aumento acompañado de síntomas como escozor, mal olor, picor intenso o incluso fiebre, es hora de acudir al ginecólogo.
Estos síntomas indican leucorrea, que es una secreción anormal que avisa de un proceso inflamatorio o infeccioso. Las infecciones vaginales más comunes son:
Conocer tu flujo vaginal habitual te ayudará a detectar cambios sospechosos y actuar rápidamente si es necesario.
Un error muy común es abusar de la higiene íntima. Si usas demasiados productos de limpieza o jabones agresivos, alterarás el pH vaginal y destruirás las bacterias beneficiosas que protegen tu vagina.
Estos son los consejos básicos para mantener una buena higiene sin dañar tu flora vaginal:
Recuerda que tu vagina es un ecosistema que se autorregula. Menos es más cuando hablamos de higiene íntima.