El blanqueamiento dental es algo a lo que cada vez se recurre más, ya que da muy buenos resultados de una forma muy sencilla. Este término de “blanqueamiento” no es literal, puesto que con este tratamiento, el color natural de los dientes no se altera, sino que se produce un aclaramiento. El color de un diente viene determinado por la tonalidad de la dentina y por la transparencia del esmalte. El color de la dentina nunca cambia, pero con el tiempo, el esmalte se va tiñendo a base de sustancias colorantes como pueden ser el tabaco, los pintalabios, el café, pigmentos químicos, etc.
Así, el blanqueamiento dental simplemente consiste en eliminar del esmalte, por medio de sustancias químicas, todas esas partículas que han alterado su color. El tratamiento se realiza en 2 fases:
- En la primera, se realiza un pulido de la superficie de los dientes para eliminar impurezas, y después se aplica un gel de peróxido de hidrógeno, que consigue un blanqueamiento inicial importante.
- A partir de ahí, el tratamiento continúa en casa. El paciente debe aplicarse un molde de plástico con este gel en su interior y llevarlo unas 2 horas al día durante una semana aproximadamente.
Hay que continuar este tratamiento de vez en cuando, repitiéndolo cada 2 o 3 años, y sobre todo, debemos de cuidar mucho nuestra boca.