Las fotos postboda son atrevidas, divertidas y sexys.
Son mucho más que una moda y han llegado al mundo de las bodas para quedarse.
Imagina que son la 2 de la tarde. Acabas de salir de la iglesia y en tu pelo y tu vestido todavía brillan los restos de arroz y pétalos que tus familiares y amigos han arrojado sobre vosotros para desearos plenitud y abundancia en el matrimonio. Todo el mundo a vuestro alrededor sonríe. Tus padres enjugan una lagrimita agridulce y tú te sientes un poco más relajada ahora que lo más difícil, que es la ceremonia, pasó.
Pero de pronto descubres que estás sudando bajo el sol implacable del verano y que te faltan brazos para recibir a todos los que vienen a felicitarte. Varios objetos mínimos y punzantes que no alcanzas a identificar te están molestando en el confín del escote. Los zapatos, que lucían preciosos en aquella tienda… nadie diría que podrían llegar a doler tanto. El velo y la cola del vestido se enredan con todo lo que tocas y tú empiezas a tener una sed de esas que hacen historia.
No es que vayas a soñar con un oasis, pero una copa de champán de una de las botellas que elegiste para servir a tus invitados durante el aperitivo, no estaría nada mal.
Los invitados piensan lo mismo que tú, faltaría más. Así que empiezan a moverse en dirección a las mesas y pasan del arroz y los abrazos a las lonchas de jamón y a las delicatessen en cuestión de segundos.
Pero tú, amiga…
Tú no podrás ir con ellos.
Tú no podrás correr tras esa ansiada copa de champán todavía.
Y no podrás hacerlo, porque aún te espera cámara en mano, sonrisa en toda la cara y cejas arqueadas en señal de cuándo empezamos, el fotógrafo de bodas que has contratado desde hace meses. Muchas veces acompañado también de un videógrafo o dos.
Puede darse el caso de que 4 disciplinadas cámaras estén apuntando al mismo tiempo hacia ti desde ángulos muy diferentes… justo en el momento en el que más necesitas relajarte y disfrutar de esa copa fresca.
Sin embargo, el panorama es que están todos esos profesionales allí, esperando darte lo mejor de sí mismos, pero también deseando que tú tengas la suficiente entereza como para mostrarles tu mejor perfil y algo de la verdadera personalidad de esa chica guapa y súper maquillada que transpira bajo su vestido de novia, apretando el brazo del chico guapo que acaba de convertirse en su marido, en medio de un verde prado y a pleno sol.
A partir de aquí, solo pueden ocurrir dos cosas:
Opción 1:
Comienza la sesión de fotografía de boda más dinámica y estresante que hayas vivido jamás. Algo así como correr una maratón en menos de treinta minutos sin entrenamiento previo, calzando tacones sobre un terreno repleto de obstáculos desconocidos, donde la meta final, que es conseguir unas imágenes bellas y unos retratos medio resultones, antes de poder llegar aunque sea a los últimos minutos del aperitivo, no parece realmente posible.
Fotógrafos y videógrafos os pedirán que caminéis de aquí para allá. Que entrelazéis las manos, que seáis vosotros mismos, que no miréis a la cámara… eeeehhhhh… ni de reojo, eh? Os dirán poco menos que hay que bailar sin música y que permanezcáis en estado zen a pesar de la sed y el hambre por aquello de que el estado de ánimo sale en la fotografía y en general, como ya no se lleva eso de los posados de cartón, tendréis que moveros un poco para conseguir imágenes naturales y meteros por algunos recovecos inimaginables para que sus lentes saquen unos desenfoques molones o unas siluetas a contraluz con vosotros allá, en el fondo del encuadre.
Esta opción tiene un final que me recuerda a las películas rusas del siglo pasado. Volverás junto a tus invitados cuando quede poco o nada del aperitivo –como no podía ser de otro modo- y tus invitados aplaudirán encantados el hecho de haberos recuperado sanos y salvos de las garras de estos inoportunos profesionales de las bodas… pero tú ya no tienes cabeza para nada que no sea aquella soñada copa de champán.
Opción 2: La Postboda
Que es a lo que iba desde un principio, pero me he extendido tanto con lo de la sed y el champán, que ya me olvidaba de que pretendía hablar de la postboda.
¿Y qué cosa es una postboda?
La mayoría de los fotógrafos de boda imaginamos que las parejas en edad de pisar el altar, saben lo que es una postboda, pero como se trata de una costumbre importada de yanquinlandia y no hace tantos años que tocó tierra española, os voy a explicar un poquito qué cosa es y en qué se diferencia de la primera opción.
La postboda es una sesión de fotos que se realiza unos días después de la boda. Generalmente dura unas 4 horas o más y los recién casados visten otra vez el traje y el vestido para sacarse fotos en sitios escogidos por ellos o por el fotógrafo.
A primera vista podría pensarse que la postboda es como una extensión de la boda, una forma de seguir metida dentro de ese vestido que te costó una fortuna pero al que ahora dominas y has acabado por perderle el respeto después de haber sobrevivido a una noche entera bailando con él y sin haberte tropezado siquiera.
Sin embargo, aunque los anglosajones llaman a las sesiones postbodas con el cariñoso nombre de trash the dress… que significa en cristiano castizo: romper el vestido; la verdad es que el pollo del arroz con pollo no es solamente el dichoso vestido. Ya sé que en España más de uno lo ha quemado y algún otro lo ha llenado de pintura generosamente en una colorida postboda de esas que hacen historia en la red. Y ya sé que la postboda es otra forma de arte y que sin vestido sencillamente no habría postboda… qué le vamos a hacer.
Foto de: Javier Piñeiro

Foto de: Ángel Torres

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