
¡¡No me digáis que no es un título peliculero el del post de hoy!! Y todo para contaros que he hecho mi primer trabajo en estaño, un material del que no he querido ni oir hablar durante mi “vida” de artesana.
En realidad el estaño no es nuevo para mí (ese es el problema, claro). Hice mi primer trabajo en estaño a los ¡¡10 años!!. Era en 5º de E.G.B. (síii,Yo fui a EGB) y teníamos que hacer un marco completamente repujado de flores pequeñinas y con cuatro piedras azules en las esquinas para el día de la madre. Ni que decir tiene que el recuerdo de tal cosa era de pesadilla: las flores se rompían por empujar el buril más de la cuenta y por mucho que quisieras disimular el roto Dña. Manolita tenía un sexto sentido para descubrir la falta, por muy pequeña que fuese. Por supuesto llegó el día de la madre y el marco no andaba ni por la mitad (y la mitad que andaba estaba llena de agujeros). Y entonces nadie se cuestionaba si la temporalización de la actividad había sido la adecuada, si la edad era la apropiada… no, si el marco no estaba acabado en su momento es que tú eras una inútil y punto pelota.
Así es que cuando estos últimos años veía a mis compañeras del taller haciendo verdaderas preciosidades en estaño es que ni me acercaba, me parecía que en cuanto agarrase un buril saldría Dña. Manolita de detrás de un armario a inspeccionar mi trabajo y descubriría una falta en el acto jajaja.
Pero como todo en esta vida, cuando las cosas se hacen en un momento de calma, con otra edad y otra madurez (y voluntariamente, claro) pues te das cuenta de que se puede disfrutar un montón trabajando este material. La maleabilidad del estaño (vuelta boca arriba-fondo duro, vuelta boca abajo-fondo blando y así un montón de veces) no es para las manos (y la cabeza) de una niña de 10 años, que está deseando que acabe la clase para ir a comerse la merienda de pan con cholocate mientras juega al pilla-pilla.
Y una vez acabada la sesión de terapia (jaja) paso a enseñaros el trabajo que me ha tenido tan ocupada psicológicamente hablando. Este revistero lo compré hace más de 20 años y, al contrario de otros muebles que he decorado porque no me gustaban (como este escritorioVer imagen) el revistero me gustó muchísimo, tenía un estilo colonial que me encantaba, mezclando la madera de la estructura con la fibra de los laterales.


