La cómoda que os voy a enseñar es de principios del siglo XX y formó parte de la dote de mi abuela materna. A pesar de pertenecer a una familia humilde los muebles de mi abuela eran muy bonitos, no excesivamente elaborados sino de líneas sencillas, pero muy bien hechos y acabados.

La madera no presentaba ningún signo de carcoma, lo cual fue un alivio, porque un mueble tan grande hubiera sido muy complicado de curar. Eso sí, el barniz estaba muy ajado, dos cajones tenían el frontal suelto y no cerraban y una de las patas estaba unida al mueble con ¡¡¡cinta aislante!!!. En fin, la pobre necesitaba un repaso a fondo, pero nada serio.
Lo primero que hice fue desmontar los herrajes y limpiarlos de restos de barniz. Con decapante primero y con un buen lavado a la sosa después conseguí dejar la madera totalmente limpia, y entonces encolé de nuevo los frentes de los cajones. El tema de la pata fue un poco más laborioso, porque tuve que sacar con el taladro el tocho de madera que había quedado partido en el orificio de la base; después puse una espiga y cola nueva y quedó solucionado.

Los cajones los entelé con una loneta con motivos marinos en tonos azules muy suaves que quedan muy bien en contraste con la madera (en este TUTORIAL os explico cómo hacerlo).

Algunos tiradores sólo tenían la plaquita y les faltaba el propio tirador, pero eran los originales y me apetecía quedarlos, además una vez limpios el latón se veía muy bonito. No pierdo la esperanza de encontrar en algún mercadillo tiradores parecidos y poder ponerle las piezas que les faltan. ¿Os acordáis del post sobre el mercadillo de Estremoz?: