La pizarra, apta para todos los rincones

Es una roca metamórfica que se forma a partir de sedimentos arcillosos prensados. El área norte de la Península Ibérica es una de las zonas de mayor producción del continente; por ello es un elemento destacado en el paisaje de lugares como Galicia o los Pirineos.
Un material casi inalterable

Resulta sencillo extraer láminas finas y es posible instalarlas en todo tipo de tejados, adaptándose a diversas pendientes y formas. Además, es antideslizante, una propiedad fundamental si la destinamos a cubrir el suelo que rodea la piscina o a hacer veredas en el jardín.
No hemos de preocuparnos por su mantenimiento; no le afectan ni el musgo, ni los insectos ni los productos químicos. Además, la variedad tonal es otro de los recursos que se emplean en la decoración; negro, gris y marrón se combinan con matices azulados o rojizos, por la presencia de otros minerales.
En exteriores e interiores

La pizarra tiene dos usos diferentes en la construcción. Aunque la más común es como material de cubiertas de edificios, no hemos de olvidar su papel como revestimiento de interiores, en suelos, chimeneas o paredes. Esta piedra, una vez pulida convenientemente, aporta calidez y elegancia a recibidores, salones o pasillos. Las cocinas y baños también adquieren un toque de distinción con las encimeras de pizarra.
Cómo se coloca

Antes de instalarlo como revestimiento para suelos, es necesario asegurarse de que la superficie está completamente lisa. Las baldosas de pizarra se fijan con adhesivos específicos. Si nos decidimos por utilizarlo en el jardín, la instalación resulta mucho más sencilla: únicamente hemos de realizar pequeños huecos de la profundidad de la piedra, colocar las losetas, presionarlas contra el terreno y asegurarnos de que no se mueven.