Entusiasmada por aquel hallazgo, pasé la tarde rebuscando en internet. Encontré campos de trigo agitados por el viento... casas de campo con sus pequeños huertos... Cielos transparentes con nubes de "frío"... Jarrones repletos de florecillas silvestres... Días calurosos de cosecha... El trino, lejano y sordo por el viento, de las alondras...
A partir de aquel momento quedé embelesada por las obras de aquel hombre. Y entonces dejé de juzgar aquellas perspectivas imposibles que tanto le caracterizaban para aceptarlas como otra forma de expresión. Entendí que no sólo en la perfección se puede encontrar la belleza. Que asentar la belleza únicamente en lo verdadero es un auténtico error para el alma.
En 2007 el Museo Thyssen-Bornemisza inauguró una exposición de Van Gogh. Cuando me enteré, imagino que abrí mucho los ojos y solté algo parecido a: "¡¡Tenemos que ir!!". Así que, un caluroso día de fin de semana, nos fuimos a visitar aquella exposición llamada "Los últimos paisajes": una serie de veintinueve pinturas de las ciento seis obras que realizó en los últimos setenta días antes de su muerte.
La impaciencia me desbordaba mientras esperábamos a que abrieran las puertas de aquella exposición. Y cuando por fin las abrieron, reconozco que, aún intentando guardar la compostura, esquivé y me colé entre aquel tropel de gente ávida de color y de expresión.
Cuando me planté delante de la primera pintura, no voy a negar que mis ojos se llenaron de lágrimas... Por un lado había derrocado aquella sensación de que jamás vería una obra suya en vivo y, por el otro, el vacío por empatía que te deja saber que aquel hombre murió pensando que había fracasado. Y lo mismo volví a sentir cuando hace un par de veranos, en 2012, pude visitar el museo de Van Gogh en Amsterdam.
Pasado el tiempo, casualmente volví a encontrarme con una pintura suya que desconocía y volvió a sorprenderme. Sólo alguien como él podía captar un momento tan cotidianamente delicioso...

A día de hoy siempre me cruzo con alguien que dice aquello de: "Pero si no sabía pintar", "Pero si pintaba a brochazos" o "Éso lo puede pintar cualquiera". Palabras que me apenan porque desearía que quien opina así pudiera disfrutar tanto como yo de lo que me transmiten todas estas imágenes. Aunque soy condescendiente porque un día, hace mucho tiempo, yo también expresé lo mismo.
Sus obras están cargadas de luz, de amabilidad, de ternura... De la necesidad, lejana de egolatría y vanidad, de expresar la belleza que veía a su alrededor y capturar la bondad de la naturaleza y de las personas.
Hoy, 29 de julio de 2015, se celebra el 125 aniversario de la muerte de Van Gogh y, aunque él no lo supo nunca, hoy en día nadie duda que fue un auténtico genio.
Desde Otro día Perfecto, recuperando y mejorando el que fue el primer post con el que inauguré el blog, éste ha sido mi pequeño homenaje.
"Tengo... una terrible necesidad... ¿Diré la palabra? De religión. Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas" (Vincent Van Gogh).
otrodiaperfecto12@gmail.com
Si quieres conocer más sobre su obra:
http://www.vangoghgallery.com/
http://www.vincent-van-gogh-gallery.org/