La palabra “casquería” tiene un significado muy amplio y no solo se refiere a las vísceras (pulmones, corazón, hígado,) sino que también incluye a los despojos (morro, careta, orejas, lengua, manos, sangre,). Callos, morros, sesos, carrilleras, rabo, lenguas, hígados, riñones, manitas levantan pasiones entre unos y producen una absoluta aversión entre otros. “Me encanta”, “mi madre lo solía preparar”, “nunca lo he probado”, “¡qué asco!”. Esta claro, forma parte de la tradición en nuestras cocinas. ¿Vosotros amáis o odiais la casquería?
Aunque siempre hay excepciones. Hasta a los más acérrimos críticos de la casquería les gustan los callos o las carrilleras. Hay mucho “aprovechamiento” donde elegir: corazón, hígado, riñones, criadillas, carrilleras, lengua, entresijos, callos, estómago, morro, cabeza, sesos, oreja, papada, mollejas, cuello, tuétano, … Seguro que muchas piezas las conocéis. Puede que las conozcáis como zarajos, gallinejos, fardeles, madejas, … Algunos platos cocinados con casquería no tienen “desperdicio” ¿o sí?.


La casquería es un producto que, por sus características, requiere cocciones más lentas que otros alimentos. Estofados y frituras son las dos preparaciones básicas a las que se somete la casquería, sin olvidar que las partes más “correosillas” son perfectas para un buen cocido.
Cuando cayó el libro “A la menuda“en mis manos, lo primero que hice fue acudir al índice y ahí estaba, dentro de las recetas preparadas con la “Cabeza”, la receta de Duelos y Quebrantos (Castilla). Esta es una receta manchega del siglo XVI que tiene el honor y la legitimación de aparecer en el Quijote. Toda la novela está salpicada de referencias gastronómicas. Cervantes era de la opinión de que la gastronomía española de los siglos XVI y XVII era hija del hambre.
En aquella época, la abstinencia de comer carne comenzaba el viernes y es curioso que los castellanos se tomaban ciertas licencias los sábados y en plena abstinencia solían disfrutar de los productos de casquería, lo que llamaban “carne del sábado”. Los duelos y quebrantos es uno de los ejemplos de estos platos de bula sabatina. Este plato se componía de huevos, tocino o torreznos, sesos y menudillos, todo bien aderezado, tal y como se prepara en algunos fogones actuales de la ruta del Quijote. Sobre el porqué se denominaba duelos y quebrantos, también ha corrido la tinta hasta la saciedad.
Hay quienes piensan que el término alude al desconsuelo que sufrían los judíos y moros conversos cuando, para no ser tildados de herejes y conducidos ante el tribunal de la Inquisición por un quítame allá estas pajas, se veían obligados a comer este plato, prohibido por su fe de nacimiento, ya que contenía carne de cerdo; y quienes mantienen que el apelativo procede de la costumbre castellano-manchega de sacrificar las reses y animales que se lesionaban, y de ahí los duelos y quebrantos que producía la merma del patrimonio ganadero de las familias.
Alexandre Serrano, periodista y autor del libro A la menuda, para quien la cultura tradicional es una fijación, nos ofrece otras interesantísimas recetas dentro de este apartado, como pueden ser las de Capipota (Cataluña), el Smalehovud (Noruega), las Carrilleras al horno (Valencia-Cataluña) y muchas otras.
Seguimos leyendo y, por apartados, tenemos recetas con “Asadura, hígado, corazón y mollejas”. Me llama la atención el tan conocido plato escocés Haggis.El plato tiene hasta una oda en su honor, escrita por el popular poeta Robert Burns. Se suele servir en días festivos y en días tan señalados como nochebuena o fin de año. Si viajais a Escocia no dejéis de probarlo.

A continuación, tenemos recetas dentro de “Sangre y Tuétano” y “Tripas e intestinos”, tan interesantes como la Sangui e pulenda (Córcega), la Xirxa (que conocí en Malta) y por supuesto, no podían faltar, los Callos a la Madrileña. 
Los últimos tres apartados son los correspondientes a “Riñones y criadillas”, “Rabo, manos y patas” y “Menudillos de ave”
A través de sesenta y ocho recetas fundamentales, el libro A la menuda explora una práctica culinaria que a lo largo de la historia gastronómica ha disfrutado gente de toda condición, pero de manera muy marcada las clases populares.