
No hay lugar a dudas de que es el “Rey” de nuestras cocinas, de la gastronomía nacional, indispensable e indiscutible de la dieta mediterránea. Un ingrediente, casi omnipresente en la mayoría de los platos, habrán adivinado probablemente que me refiero al ajo.
De hecho existen estudios demostrando que hace más de 3.000 años los sumerios ya lo utilizaban como antiséptico y como remedio contra los parásitos, al igual que los griegos lo comían para evitar el tifus y el cólera, aunque allí, en Grecia, al ajo le atribuyeron poderes mágicos, contaban de hecho que Homero rescató a Ulises gracias a los poderes de tan especial planta.
Probablemente ése matiz mágico llegó a una época posterior, en la Edad Media, donde combatían con ajos a las brujas, vampiros y malos espíritus. De hecho ése leyenda ha llegado hasta nuestros días ¿quién no cuelga una ristra de ajos o tiene ajos en casa y cada vez que los ve recuerda sus atributos más populares conocidas en cuanto a su historia de ser un gran protector contra entidades negativas?
¡¡ Yo siempre, por si al caso, en mi cocina siempre tengo ajos a mano, independientemente de que lo uso muchísimo en mis recetasincluso en una pintura que cuelga de la pared de mi cocina real, un cuadro pintado por mi suegro !!
Volviendo a nuestros ancestros más lejanos, fueron los romanos quienes propagaron su comercio por el mar Mediterráneo convirtiendo al ajo en un ingrediente básico para condimentar los alimentos, siendo indispensable en muchísimas recetas malagueñas.
Como en éste peculiar plato, delicioso “aperitivo”, cuya receta es especialmente típica de Velez-Málaga, pueblo más importante de la comarca de la Axarquía, siendo el plato veleño más autóctono y hasta hace pocos años desconocido fuera de las fronteras del municipio malagueño. Un plato que se preparaba solamente durante la Cuaresma y solo en la localidad de Vélez-Málaga, denominado ajobacalao, ajocolorao, ajoporro y también llamado localmente “semanasantero”.
El ajobacalao, ésta suerte de paté anaranjado que generalmente se come untado en tostadas de pan, cuyos ingredientes son ajo, aceite, bacalao, miga de pan, pimentón y agua, está ligado a la Semana Santa, tiene una antiquísima tradición, tanto es así que podemos pensar que ya se hacía en el siglo XVI con las primeras procesiones del Cristo de los Vigías, cuando invitaban a los horquilleros, o portadores de trono, a tomar ajo bacalao y vino del terreno para reponer fuerzas.
Éste peculiar plato preparado con bacalao, durante la Cuaresma era el sustitutivo más barato de la carne, dado que no se podía comer carne por estas fechas y al llevar pescado (bacalao) y productos básicos (aceite, pan, ajo y pimentón) resultaba muy recurrente, económico y completo.
Cuentan los más mayores del lugar que desde antiguo, durante los desfiles procesionales, cuando los hombres de trono, tras el gran esfuerzo realizado durante las procesiones llegaban al encierro, se les recompensaba con un buen plato de ajobalao.
Éste plato sólo requiere de un buen bacalao, pan, pimentón (suelo usar pimentón de la Vera), aceite de gran calidad como los que podemos disfrutar en Málaga, como los de la almazara de la Axarquia.y el ajo. Y la paciencia, las manos hábiles y el cariño que aporta las amas de casa en sus cocinas.

125 grms de bacalao, una rebanada de pan, un diente de ajo (grande, o dos pequeños, al gusto), el zumo de medio limón pequeño, una cucharada pequeña de pimentón dulce (pimiento molido), un huevo cocido (que la yema esté dura), aceitunas partidas aliñadas (aloreñas, de Málaga) y aceite de oliva virgen extra.
Los pasos a seguir:
Desalar los trozos de bacalao; para ello, sumergir el bacalao en agua el dia anterior (suelo tenerlo toda una noche), cambiar el agua dos o tres veces antes de cocinarlo.
Pelar el ajo y echarlo en un mortero, majándolo junto con el pimentón,

y el pan troceado e ir machacándolo. 
La masa debe estar lo más uniforme posible, espesa y sin grumos.
Pueden acompañar con aceitunas “partías” aliñadas y huevo duro picadito.