La receta de hoy es una de las que más me gusta. Es un plato típico de mi tierra, Cataluña y es una receta que se remonta a cuando el transporte se realizaba en mulas y el pescado fresco no era frecuente en las tierras del interior, exceptuando los pescados de río y las salazones como el bacalao. En los pueblos cercanos a la costa eran frecuentes los calamares y las sepias que aguantaban más. De ahí ese deseo de incorporar el pescado en todos los platos posibles.
Para hacer las albóndigas ponemos en un bol la carne picada, el ajo muy picadito, media cebolla rallada, perejil y un huevo. Amasamos hasta que todos los ingredientes queden bien integrados y la carne quede compacta. (Si tenéis la suerte de tener un carnicero de confianza podéis comparlas ya preparadas)
Una vez tengamos hechas las albóndigas, las enharinamos y las freímos.
A parte, freímos la sepia bien limpia hasta que suelte todo el agua.
En un mortero hacemos la picada, machacando los ingredientes y se aclara con un poco de agua o de caldo.
En el mismo aceite donde hemos frito las albóndigas, cocinaremos la cebolla rallada (la media que nos ha sobrado de la carne más la otra entera) y el tomate (también rallado)
Cuando este sofrito esté a punto añadimos un poco de pimentón rojo , las albóndigas, el caldo de pescado, la sepia frita, la picada y los guisantes.
Dejamos cocinar 20 minutos.
Y pasado ese tiempo, este es el resultado. Si lo acompañáis de patatas fritas...