El amor es una alcachofa que va perdiendo sus enigmas
Versos del poema; El amor es un centro
Mario Benedetti
Aguadulce, Sevilla
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La palabra alcaucil, etimológicamente, se compone del árabe alqabsíl y del latín capitĭa que quiere decir cabeza, por alusivo a su forma de la alcachofa silvestre o de las especies similares. Pero es más que probable que su nombre proceda del árabe al-kharshûf o de al-qabsíl, como tan bien se le conoce.
Existe un mito griego que explica que había una doncella muy hermosa llamada Cynara, de la cual se enamoró Zeus, que decidió convertirla en diosa y llevarla al Monte Olimpo. Pero Cynara echaba de menos a su familia y volvió a la tierra a visitar su hogar. Zeus, enfurecido y decepcionado, la convirtió en la primera alcachofa. De ahí su nombre científico Cynara.
La alcachofa procede del Noreste de África y parece ser que ya la conocían los griegos y los romanos. Pero debido al desarrollo de la agricultura en Al-Ándalus, los árabes introdujeron notables avances en las técnicas agrícolas, que permitieron un incremento en la producción.
El desarrollo de la agricultura de regadío fue notable, y permitió crear grandes huertas en el entorno de las ciudades y alquerías. Debido al uso y la disponibilidad del agua permitió introducir y aclimatar nuevos cultivos que hoy consideramos típicos de nuestras tierras: el algodón, el azafrán, los cítricos, la caña de azúcar, la berenjena, la alcachofa o el arroz. Durante este periodo se introdujo en Italia y Francia, mejorándose el cultivo del cardo, más amargo, y obteniéndose la alcachofa tal como la conocemos hoy en día.
Se sabe que consumía regularmente en Italia en el siglo XV y parece que fue impulsado su consumo en Francia por Catalina de Médicis a la que le gustaba comer corazones de alcachofa. A Luís XIV de Francia, el Rey Sol, también le gustaban mucho las alcachofas por lo que solicitó a sus jardineros su cultivo.
Un kilo de alcachofas.
Cuatro dientes de ajos.
Dos pimientos verdes
Una o dos zanahorias.
Dos tomates maduros
Aceite de oliva virgen extra.
Un vaso de vino blanco.
Laurel.
Azafrán en polvo.
Zumo de limón.
Sal
Para la masa o relleno
Pan rallado
200 gramos de pollo
200 gramos de cerdo
Dos dientes de ajos
Media cebolla
Dos huevos
Un chorreón de vino fino o manzanilla
Perejil picado
Pimienta negra molida
Sal
ELABORACIÓN
Lo primero sería, limpiar las alcachofas, quitándoles las hojas más duras y externas. Lo más exquisito es el corazón de la misma. Seguidamente, se refriega las alcachofas con zumo de limón para que no se ennegrezca (con medio limón).
Para el relleno:
La carne procedemos a comprarla picada, lo aconsejable es que el carnicero la pique delante de nosotros.
Le agregamos el ajo y el perejil picado.
La cebolla es aconsejable sofreírla con anterioridad una vez enternecida la añadimos a la picada junto con los huevos batidos, sal, pimienta negra.
Le añadimos a la masa un poco de vino blanco y pan rallado y comprobamos que la espesura del relleno, que no se apelmace demasiado.
Amasamos bien, probamos de sabor y de textura.
Con un vaciador o cucharilla de café, vaciamos el centro de la alcachofa.
Rellenamos las alcachofas presionando la carne.
Seguidamente, marcamos con harina la zona externa de carne y sellamos; que quiere decir freímos en aceite de oliva.
Apartamos en un plato o bandeja.
Decidimos si dejamos el sofrito tal como está o trituramos.
Con las alcachofas rellenas, las ponemos en una sartén grande, todas de pie, como en la foto.
Le echamos un chorreón de aceite por lo alto y cebolla picada por los claros.
Cubrimos con agua caliente.
Dejamos hervir hasta que estén tiernas, mientras agregamos el azafrán y el laurel.
No pasaos con el agua, tan solo la suficiente para cubrir las alcachofas.
Si es necesario le vamos añadiendo agua calentita y si queremos espesar la salsa le añadimos un poco de pan rallado.