Hora de volver a los fogones. Tiempos convulsos, difíciles y que han requerido toda mi atención parecen me hicieron abandonar temporalmente este palacio mental que es el blog. Pero había que retornar a la cocina, ese paraíso que nos catapulta a un estado de tranquilidad y que nos desconecta de la realidad unos instantes.
Pronto retomara las cine-recetas (que son el sello de esto) pero para ir abriendo boca, os dejo unas espectaculares alitas de pollo con teriyaki que os harán relamer los dedos hasta la falange. No miento si os digo que todo ese dulzor, esa "pringosidad", esa espesura aromática, hace salivar el paladar más crítico. Lleva su tiempo conseguir que la carne se desahaga como la mantequilla en vuestra boca, pero la paciencia manda en esto de los fogones, así que armaros de ella, disfrutar de los olores, de los sabores y de la compañía que tengáis cerca. Una receta ideal para celebrar buenas vibraciones.
Gracias a tod@s los que me habéis mostrado vuestro apoyo y ánimo en momentos complicadillos, os amo cibernéticamente. Ahora sí, había ganas de gritar de nuevo... ¡Mandiles arriba!


En una sartén amplia disponemos las alitas. Vertemos la salsa por encima (cubriendo bien todos los trozos) y ponemos a calentar. Tapamos y dejaremos que suba el hervor y luego bajaremos el fuego. El truco está en que se cocine a fuego lento durante bastante tiempo, como 1 hora.
Ya solo nos queda emplatar esa maravilla. Disponemos las alitas en un plato amplio, espolvoreamos por encima un poco de cebolleta y el sésamo tostado. Nos hacemos con un buen surtido de servilletas y a devorar. La carne se deshace en la boca... ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 