El caos se desata en la mente un introvertido cada vez que se cruza con un conocido por la calle y le espeta la inevitable pregunta ¿qué tal estas?. ¿Qué hacer? ¿hay que responder? ¿Será suficiente con decir bien? ¿quiere que desarrolle mi argumento? ¿que hago?. Al de una hora el introvertido responde que "bien, ¿y tu?" y el otro, al que las relaciones sociales le salen naturales, responde que bien también, después hace una gracia de esas que solo los extrovertidos pueden articular de improvisto y se marcha con cabalgando con gracia la selva adoquinada.
En Tailandia los introvertidos no tenemos este problema, por algo lo llaman la tierra de la felicidad. Alli tienen una pregunta mucho más directa y comprensible para saludar a los amigos por la calle. Preguntan "Kin Khao rey yang?" o "¿has comido arroz ya?" Cualquiera puede responder a esta pregunta sin pensar demasiado. Es un si o un no. Una pregunta dicotomica, el tipo de pregunta que más nos gusta. También es una invitación. Si dices que no entonces aceptas la invitación a comer y si dices que si entonces te vas a casa y el orden del universo sigue su curso.
De lo anterior se deduce que en Tailandia la palabra arroz es sinónimo de comida igual que aquí lo es el pan. De hecho es posible afirmar que el arroz define el repertorio de la gastronomía tailandesa. Durante años los cocineros Tailandeses han creado platos con el arroz en mente. Esto explica porque la comida tailandesa es como es. Una cocina vibrante en la que los platos suelen son un arco iris de contrastes en el que todos los sabores; el salado, el dulce, el ácido y el picante, compiten casi a la par junto a los embriagadores aromas de las hierbas frescas y las especias. Por eso es imposible pensar en muchos platos tailandeses sin su contrapunto almidonado, su apaciguador, el arroz blanco. No es solamente que el arroz complete la comida sino que completa el sabor de todo el conjunto. Cualquiera que haya probado un curry tailandés como el que compartí hace un tiempo entenderá bien de lo que hablo.
Creo que ya está claro lo mucho que me gusta la comida tailadesa. Hace un tiempo, con la intención de aprender más sobre ella, me compre un libro fantástico; Pok-Pok de Andy Ricker. Es un a joya. Por el tamaño y la precisión con la que Ricker explica la elaboración y contexto de las recetas parece más un libro de texto que de cocina. Se llama Pok-Pok porque así es como suena la cocina tailandesa, suena al sonido de los morteros. También se llaman así todos los exitosos restaurantes de este cocinero tan extravagante. Pok-Pok está lleno de fotografías de comida y de Tailandia y leerlo es un viaje en primera clase a las cocinas y calles de Tailandia. Sin embargo tiene una pega y es muy grande. Para cualquiera que no viva en una ciudad grande, con acceso a productos tailandeses frescos será imposible hacer el 95% de las recetas. Para hacer la típica ensalada de papaya (Som Tam) sin ir más lejos es necesario tener al menos una papaya verde. Tan solo imaginarme la cara que pondría la frutera al pedirle una papaya verde me quitaron las ganas de comer. Otros obstáculos que he encontrado son aun mas insalvables: Hojas de plátano, galanga fresca, albahaca tailandesa, cúrcuma fresca, raíz de cilantro, limas kaffir... La lista es interminable. A no ser que la importación mejore mucho, me temo que tendré que acostumbrarme a la idea de limitarme a occidentalizar las recetas que más me gustan.
Mis expectativas con este arroz al principio eran bajas. Pensaba que sería una arroz tres delicias más. A juzgar por su aspecto lo es, sin embargo, es mucho más. Desde el momento en que lo probé supe que jamás lo dejaría marchar y esa misma semana lo repetí tres veces más para comprobar que no me había equivocado, ni había tenido suerte, sino que la receta era sencillamente perfecta.
Me alegro mucho haberlo descubierto porque una compañera de trabajo de mi padre, Carmen, nos trajo arroz jazmín de su viaje a Tailandia. Gracias Carmen. Lo guardé como se guarda el vino bueno para utilizarlo cuando estuviese completamente segura de que no lo estropearía. Ahora nos lo hemos comido todo y estaba delicioso. El arroz jazmín por cierto es el único arroz que esta permitido usar para esta receta. Es, junto al arroz glutinoso, el arroz insignia de Tailandia y es el que mejor resultado da al hacer cualquier arroz frito.
Espero que os animéis a hacer la receta, será suficiente conque os guste la mitad que a mi.
ELABORACIÓN
1. Mezcla en un cuenco pequeño la salsa de pescado, la soja, el azúcar y la pimienta
**** Arroz jazmín. Como he dicho no es interesante sustituirlo por ningún otro arroz. Lo mejor es cocerlo con uno o dos dias de antelación y es muy importante que esté frío al meterlo en el wok. Hay distintas maneras de cocerlo. Ricker dice que no seas valiente y utilices una arrocera. Si la tienes adelante pero si te pasa como a mi y ya no te cabe ni un trasto más en la cocina no te preocupes porque tampoco es tan difícil cocerlo bien en una cazuela. Lo primero que hay que hacer es lavarlo bien bajo el chorro de agua y sobre un calador. Al principio el agua que ha estado en contacto con el arroz saldrá blanquecina, sabrás que está bien lavado cuando el agua salga transparente. Esto es importante para eliminar el almidón de la superficie y evitar que el arroz quede pastoso o se pegue. Lo segundo es meterlo en la cazuela con la misma cantidad o un poco más de agua fría que de arroz. 1:1. Lleva a ebullición y cuando rompa a hervir baja el fuego casi al mínimo y tapa la cazuela. Deja que se haga con el vapor procurando no destapar la cazuela en el proceso. Esto es importante. Cuando el arroz haya absorvido todo el agua y esté hecho (unos 6-10 minutos) échalo a un colador y enfríalo con agua fria. De está manera se cortará la cocción y el arroz no seguirá cocinándose. Al principio hay que cogerle el truco y además cada arroz es distinto pero al final conguirás que te salga siempre bien.