
Al igual que pasa con la carne de vacuno, que se suele englobar bajo la denominación de ¿ternera¿, en el caso de las aves solemos emplear el concepto ¿carne de pollo¿ para referirnos a la procedente de estos animales, pero sin pararnos, en muchas ocasiones, a distinguir el tipo.
En general, se trata de una carne con un contenido graso bastante reducido y con un sabor suave y agradable al paladar, siendo empleada en numerosos guisos y recetas. Aunque algunas variedades se consumen desde hace miles de años, otras, como la carne de avestruz, han sido descubiertas hace tan sólo unas pocas décadas.
El capón: macho castrado y sobrealimentado que presenta gran cantidad de grasa entreverada, lo que lo hace ser muy sabroso. Es típico que se consuma en Navidad.


La pechuga sin piel es la que menos grasa contiene de todas las partes del pollo. Además, este tipo de ave presenta un alto contenido en vitamina B3 y ácido fólico, entre otros nutrientes esenciales. Para disfrutar de todos ellos puedes preparar el pollo de numerosas maneras: asado, relleno, frito o guisado.


El pavo es una carne blanca, recomendada por expertos por su bajo contenido en grasa y colesterol, mientras que la del pato tiene un índice calórico mucho mayor, aunque el contenido en colesterol no difiere mucho del de otras aves. Ambos son excelentes carnes para asar y para hervir. En el caso del pavo, también es exquisito ahumado. El pato a la naranja, por otra parte, es uno de los manjares más codiciados.


El consumo de carne de ave es bastante elevado, a pesar de la caída que tuvo hace apenas dos años por los brotes de gripe aviar que surgieron en varias zonas del planeta. Los controles a los que se somete son bastante estrictos, siendo responsabilidad nuestra cuestiones como, por ejemplo, cuidar que se cocine bien para evitar su consumo crudo, debido a que ésta es la causa principal de la transmisión de enfermedades.