
Las personas que se acerquen a la Ciudad Condal durante este periodo podrán disfrutar de ferias y salones del sector, ciclos de cine y de música, congresos, simposios internacionales, itinerarios gastronómicos, muestras en la calle y en los mercados, degustaciones de vinos y cavas, fiestas populares, concursos de cocineros, una exposición de literatura gastronómica, la creación de menús especiales y muchos otros actos, todos ellos en torno a la cocina.

La dieta mediterránea y cultura de la buena mesa se asocian a un estilo de vida del sur de Europa más tranquilo y relajado. Ambos factores son claros exponentes de la cocina catalana, donde dedicarle tiempo y esmero a la comida suponen calidad de vida y bienestar. La actividad, el clima y el alma de la Ciudad Condal aconsejan complementar el típico turismo de museos con otros reclamos, como el patrimonio histórico, las compras, los espectáculos, la vida en la calle y, evidentemente, la gastronomía.
De hecho, la oferta culinaria de Barcelona es una de las actividades económicas que más ha crecido en los últimos años. Los establecimientos no sólo cuidan la calidad y originalidad de los fogones, sino que buscan espacios donde el diseño y la arquitectura hagan de la comida una actividad placentera en todos los sentidos. No en vano, la ciudad ofrece la oportunidad de convivir con los creadores gastronómicos, lo que representa una experiencia estética única.



Actualmente Cataluña goza del privilegio de convivir con algunos de los mejores cocineros creativos del mundo. En este sentido, en los últimos meses han proliferado los reconocimientos mediáticos de los cocineros catalanes. Ferran Adrià, por ejemplo, ha sido elegido una de las cien personas más influyentes del mundo por la revista Time. Los nombres de Santi Santamaria, Fermí Puig, Carles Gaig, Carme Ruscalleda o Sergi Arola, por citar algunos, gozan de una gran proyección mediática y de una excelente aceptación profesional.
Por ello Barcelona y Cataluña han decidido acercarse durante doce meses al hecho culinario, a la gastronomía. Con el Año de la Alimentación, la Cocina y la Gastronomía no sólo homenajean la rica tradición culinaria catalana, sino también la capacidad que tiene ésta de integrar y de abrir nuevos horizontes.


La multiculturalidad, tan presente actualmente en Barcelona y en toda la comunidad, también estará representada, ya que los mercados mostrarán las diferentes cocinas étnicas del mundo. Todo ello, sin olvidar las tradiciones culinarias más arraigadas en Cataluña. Los mercados, en este sentido, serán los foros elegidos para celebrar actos en relación al bacalao, la tortilla, el cava, las tapas...
El calendario de actividades también ha reservado un espacio dedicado a los libros de gastronomía, con presentaciones, exposiciones y una Feria de Libros de Cocina. Además, la música y el cine se fusionarán con la cocina: el Festival de música avanzada Sónar o la Filmoteca de la Generalitat participan también en estas jornadas culinarias únicas.

Durante la Baja Edad Media y el Renacimiento, los prescriptores más influyentes en materia alimentaria de Europa también reconocieron el magisterio de los cocineros de Cataluña. No olvidemos que algunos de los primeros recetarios europeos de cocina escritos en lenguas románicas (s. XIV y XV) son en lengua catalana; como el denominado Sent Soví. Y, como ya apuntó el filósofo y matemático Rudolf Grewe al hacer la edición crítica de este manuscrito, es evidente que la cocina catalana de la época tuvo una importante proyección internacional.


El hecho gastronómico barcelonés y catalán se merece un homenaje, de ahí las celebraciones del Año Gastronómico, que comienzan en marzo de 2005. Las iniciativas de este tipo, que suelen reconocer algún acontecimiento o a alguna figura histórica, llegan en esta ocasión a las cocinas, auténticas fábricas del sabor, para conmemorar el buen savoir faire de los fogones catalanes. Sobre las mesas de la comunidad, y de su capital, han desfilado durante los últimos siglos menús, ágapes, comidas y platos que son el testimonio de su época. Un interesante museo viviente de la cultura catalana, de la europea y del caminar del mundo que merece la pena conocer de primera mano.