Con la receta de este bizcocho de mermelada de naranja amarga despedimos el mes de Febrero
No sé vosotros pero a mí los dos primeros meses de 2022 se me han pasado volando.
Confío en que esta absoluta falta de tiempo termine en algún momento porque cada vez voy más acelerada y llego a menos cosas.
Hace bastante años que empecé con el reto personal de vaciar los armarios de esos ingredientes que se me antojaron imprescindibles en un momento dado y que una vez en casa la prisa por darles salida fue nula.
¡Años!
Parece que más que una cocina tuviera un ultramarinos en las baldas.
Y siendo totalmente sinceros, con algunos productos bien podria abastecer a una tienda de barrio.
Muchas veces he confesado de mi pasión por las ofertas. Yo veo un 3x2 y no atiendo a razones.
Aunque de unos años a esta parte soy mucho más comedida con las compras, especialmente en lo que a artículos para repostería se refiere.
No obstante el azar es caprichoso y aunque últimamente no tengo tiempo de abrir redes sociales en el pasado cuando comenzaba a ver huecos en las baldas ¡zas! sorteo que te toca y vuelta a empezar.
No es que yo vaya a hacerle ascos a un regalo ¡faltaba más! lo que pasa es que a veces me cuesta utilizar algunas de las cosas que me han tocado.
En una de mis batidas en los armarios de cocina fui consciente de todos los botes de mermelada que tengo acumulados.
No os vayáis a pensar que tengo un bote aquí y otro allá.
Nada más lejos de a realidad.
En casa tengo un orden marcial y cada cosa tiene su hueco. Si no está ahí es que no hay.
No hay nada que odie más que ponerme a buscar pongamos por ejemplo un paquete de harina en todas las baldas (con el desorden que supone porque por lo general es que la estás necesitando para ya) darte cuenta en el peor de los momentos que no tienes y sin embargo haberte topado con seis paquetes de arroz que ni siquiera eras consciente de tener.
Cuando cada cosa tiene su lugar no sólo es más fácil colocar la compra sino planificar las comidas porque de un vistazo sabes de lo que tienes más y por tanto hay que darle salida, de lo que tienes menos o de lo que directamente no te queda nada. Así se hace la lista de la compra en un pispás.
Os he dicho muchas veces que tengo muchas manías y esta es una como otra cualquiera.
A lo dicho, que tenía un montón de botes de mermelada, y aunque suelen tener bastante fecha a algunos no les quedaba tanto para caducar.
En casa no somos muy fans de la mermelada.
A mí eso de comerla en el pan tostado untado con mantequilla ni fú ni fa.
Soy poco de tostadas y cuando caen (una vez al lustro o menos) son casi siempre de aceite de oliva.
A veces las combino con queso, sobre todo de cabra o si hago un camembert envuelto en hojaldre. Pero si soy sincera los quesos los prefiero combinados con mermelada de pimiento, de tomate o con cebolla caramelizada.
Tampoco soy muy fan de poner una capa de mermelada a las tartas de queso.
Y con estas manías los botes de mermelada se acumulan en la cocina.
¿Cuál es la opción más rápida para dar salida a los botes enteros? Porque si abro un bote, uso poca cantidad y lo meto en el frigorífico pasa de estar empadronado en las baldas de los armarios a empadronarse en las baldas del frigorífico y a dar vueltas durante semanas lo que tampoco soluciona nada.
La opción más rápida es ponerlo en un bizcocho.
Ahí, en ingentes cantidades. Que al fin y al cabo se supone que la mayor parte es fruta. Y si es fruta es sano.
Que esta vez es una verdad a medias, pero más sana que el azúcar en estado puro digo yo que será.
Lo que está claro es que la mermelada aporta jugosidad a la masa y queda un bizcocho tierno y con mucho sabor.
Para este bizcocho usé un bote de mermelada de naranja amarga que deja un rico sabor pero un regusto amargo al final que a mí me gustó mucho pero que a Elena la sorprendió y defraudó a partes iguales.
La pobre es muy pequeña para que le gusten sabores así.
Al que más le ha gustado es a mi marido que últimamente siempre le ponía pegas a todos los bizcochos pero a este no ha podido ponerle ni un pero ¡no veáis lo poco que ha durado!
Lo bueno de esta receta es que podéis utilizar la mermelada que tengáis en casa.
Y si variamos el sabor, siempre tendremos un bizcocho diferente.
Por supuesto si hacéis mermelada casera el resultado será más saludable y muchísimo más rico ¡no cabe duda! pero yo me veo en la necesidad de dar salida a un puñado de botes que de repente me estorban muchísimo.
La receta es muy de mi estilo. No hace falta ningún aparato de cocina, sólo un bol y unas varillas manuales y en cuestión de minutos tendremos el bizcocho en el horno.
Para dar salida a más cosas usé trocitos de naranja confitada y un puñado de gotas de chocolate porque no se me ocurría mejor combinación para la naranja.
Esta vez, a pesar de pasarlo todo por harina, los tropezones se fueron casi todos abajo durante el horneado en lugar de quedarse bien esparcidos por toda la masa. ¡Para que veáis que no siempre las cosas salen bien aunque no haya explicación!
Si tenéis un bote de mermelada aburrido en la cocina ¡esta es vuestra receta! Os aseguro que no hay manera más rápida, deliciosa y sencilla que esta para darle salida.
¿Os animáis? Pues no olvidéis de contármelo ¡que soy toda oídos!
¿Un trocito para acompañar la receta?