Bizcocho de naranja y azahar

Le vió aparecer por la puerta del viejo bar y sintió en los brazos y las piernas una flojera de títere inservible que añora un rincón tranquilo. Se arrepintió de aquella cita como Judas de haber vendido al Maestro. Deseaba que todas las ausencias acumuladas en los últimos años siguieran contenidas en alguna habitación de su alma ¡Cuán difícil le resultaba! Según avanzaba él, sonreía ella, cada paso que daba él, ella pensaba en cómo le gustaría tener entre sus dedos un cigarro de aquellos que antaño solían fumar “a medias”, sin huir pero huyendo amordazó sus nervios con una sonrisa más amplia. Se levantó para facilitar lo que más temía pero también más deseaba: su abrazo. Sólo él sabía abrazarla. Y a pesar del tiempo transcurrido pudo comprobar que seguía haciéndolo como si no hubiera pasado un solo minuto desde que se hubieran visto por última vez. Su cerebro avanzó hasta el rincón más oscuro, allá donde se guardan las preguntas que uno no debería hacerse nunca y, se hizo una pregunta: A cuántas habrás abrazado así desde que ya no me abrazas a mí? Para que su corazón no empezara a llorar, halló una respuesta muy rápido: ¡Qué afortunadas han sido todas! Comenzaron con las formalidades típicas y tópicas, esas que empezaron a romper el hielo que el paso del tiempo había ido formando cual iceberg entre ellos. Ellos que habían sido nosotros. La conversación fue avanzando y con ella la tarde que dejó que la noche cayera como un pañuelo sobre un truco de magia. Con la noche, el momento de la despedida. Se estrechó contra ella y la besó en los labios. Sabía a tarde de otra época, a humedad de siesta, a hierba rozada por el agua, fue como volver a sumergirse en el río donde se descubrieron por primera vez aquel verano. Comprobó que en sus labios estaba escondido el verano, todos los veranos… “Ahora que has vuelto, podremos vernos más a menudo, no crees?” Claro, cómo no!! Según caminaba iba pensando cómo todo lo que habían amado permanecía en ellos aunque se hubiera perdido en el tiempo. Todo había cambiado pero les quedaban los recuerdos. Y yo deseo que quede en tu recuerdo, cuando lo prepares, este fantástico:
BIZCOCHO DE NARANJA Y AZAHAR


Ingredientes:
250 grs de azúcar.
1 naranja entera de zumo, bien lavada y sin pelar.
3 huevos.
2 c.s de agua de azahar.
100 grs de mantequilla salada a temperatura ambiente.
160 ml (170 grs) de leche evaporada.
250 grs de harina.
50 grs de maizena.
1 sobre de levadura Royal.
7 rodajas de naranja confitadas (opcional).
Elaboración:
Ponemos en el vaso del Thermomix el azúcar, la naranja troceada y los huevos y programamos 3 minutos a 37º en velocidad 5.
Añadimos la mantequilla, la leche evaporada y el agua de azahar y mezclamos todo a velocidad 3 durante unos segundos.
Incorporamos la harina, la maizena y la levadura y mezclamos todo 15 segundos en velocidad 2 ½ .
Terminamos de mezclar con la espátula.

Engrasamos un molde de plum-cake con mantequilla y lo forramos con papel de hornear, vertemos la mezcla en él, procurando no llenar más de 2/3 del mismo. Sobre la superficie colocamos unas rodajas de naranja confitada y espolvoreamos con azúcar, para que al cocerse el bizcocho se forme una costra.

Introducimos en el horno precalentado a 180º unos 30 minutos con calor abajo y aire. Lo colocamos en el segundo nivel empezando por abajo.

Nota: Como me sobró un poco de masa la utilicé en unos moldes de silicona (sin engrasar), primero puse la rodaja de naranja y encima eché la masa de bizcocho y el resultado me gustó muchísimo (los saqué del horno a los 20 minutos).