
Título largo, ya lo sé. Pero el ritmo es frenético en Diciembre. Mucha cosa de por sí, y además hay personas que se agregan el ‘juntarnos antes de fin de año’. Noviembre o Enero es lo mismo diría yo.
Pero llegó ese mes que, como les conté en el post de las galletitas de queso, estamos todos a mil con los festejos, el calor irritante, los regalos, los malabares de los chicos en vacaciones y ese tipo de cosas. Yo colaboro con el caos y les paso dos recetitas fáciles y versátiles. Una de pasta de salmón ahumado – con alcaparras, tabasco, queso – y otra de pesto de cilantro y almendras – con ajos asados y toque de limón.
Las dos buenísimas, obvio. Sino no estarían acá.
La receta de la pasta de salmón ahumado la hago hace como veinte años (hello, cuántos años tenés, no?). Siempre, sin excepción, arranca comentarios efusivos y pedidos de receta. Muchos. Por eso va a ser un clásico para siempre. De esas recetas que te salvan cuando tenés invitados por cualquier razón, muchos o pocos, para servir con pan como en este post, o poner en un bowl con las tostaditas alrededor y que cada uno se sirva.
El salmón ahumado cuando tenés gente siempre garpa.
Para los que me conocen saben que nunca jamás la probé. A la pasta de salmón digo. Odio el pescado. Palabra fuerte e historia larga, pero no puedo tragarlo.
Si quieren que quede mejor, no me gusta para nada de nada de nada el pescado. Hablo del que tiene gusto al pescado de cuando era chica – esas milanesas de merluza espantosas o el atún de lata. El salmón, digan lo que digan, tiene gusto a pescado. Y si, es pescado diría mi primo, a que querés que tenga gusto, a tomate?
Así que si la subo es porque la receta es exacta, no hay que improvisar. Obviamente, yo nunca lo hice (horror ya sé, que alguien postee una receta que no sabe que gusto tiene), pero cuando no probás algo y te lo alaban taaaaanto, sabés que la receta es re posta. Recontra posta. Así que con los ojos cerrados la pueden hacer. Y les aguanta unos días en la heladera así que la pueden hacer de antemano.
El pesto de cilantro es otra receta que vale la pena, por lo distinta y por lo versátil.
Así como no me gusta el pescado, amo con énfasis el pesto. Cualquier tipo de pesto, con espinacas, con tomates secos, el clásico no tan clásico, en fin todos me gustan. Este de cilantro tardé en hacerlo. Lo tenía marcado hace años, mil años en una revista bon appetit vieja. La misma donde encontré el de tomates secos, uno de los mejores que hice en toda mi vida culinaria.
La cosa es que tardé en amigarme con el cilantro, porque las primeras veces que lo comí fué con mi hermano que era fanático extremo del cilantro, lo usaba en exceso y para mi era como tomarme el perfume de jazmín de mi abuela. Pero como cada tanto comía algo con la cantidad justa de cilantro, un guacamole hecho por una amiga que me acuerdo hasta el día de hoy. Ahí me quedó claro que la diferencia estaba en no pasarse con la cantidad que se usa.
En este pesto queda increíble, muy balanceado con el resto de los ingredientes. Y en definitiva, pueden ponerle la cantidad que quieran. Vieron que el pesto es así, a algunos les gusta con más de esto y menos de aquello. Y siempre es válido.
Para terminarlos uso alcaparras y un toque cebolla de verdeo para la bruschetta de salmón ahumado y palta fresca para el pesto de cilantro y almendras. Últimas gotitas de aceite de oliva y están listas para devorar.
El pesto con pasta, con un poco más de aceite de oliva y queso parmesano o de cabra bueno es la gloria.
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Bruschettas con pasta de salmón ahumado o pesto de cilantro y almendras
Rinde: 12 a 15 tostadas de cada tipo
Ingredientes
Para la pasta de salmón ahumado:
Para el pesto de cilantro:
Para armar las bruschettas:
Modo de Preparación
Para la pasta de salmón:
Para el pesto de cilantro:
Para armar las bruschettas: