Somos seres alarmistas. Por naturaleza.
Nos dejamos llevar por la opinión del que grita más fuerte.
Y las redes sociales dan voz a cualquiera sea cual sea su discurso.
Hace un tiempo pensaba que las personas, en general, éramos más críticas (y menos crédulas) con la información que recibíamos, pero de un tiempo a esta parte todas mis convicciones se están viniendo abajo.
No sé si es porque llevo bastante tiempo trabajando (parcialmente) en contacto con mucha gente o si es porque con la globalización de internet y el acceso desde los smartphones cualquiera puede en cuestión de segundos estar leyendo las tonterías más grandes que a cualquier otro se le haya ocurrido publicar en alguna red social, un blog o una página web que para eso todos tenemos derecho a expresarnos libremente.
Y supongo que igual que hace veinte años mi abuela decía que tal o cual cosa era verdad porque lo habían dicho en el Telediario, en los tiempos modernos que nos ha tocado vivir aquello que esté publicado en internet será una verdad a creer sin que quepa ¡oh sacrilegio! la menor duda.
Estoy a punto de plantarme con el tema Coronavirus. Creo que los medios deberían ser más escuetos con lo que cuentan y que necesitamos menos debates y menos "supuestos expertos" opinando en tertulias de radio o televisión y más pautas sencillas, veraces y realmente efectivas para prevenir y afrontar la situación que se nos puede (o no) presentar.
Y en redes sociales... uf! prefiero casi ni hablar, porque las redes sociales están muy bien para que la vecina del quinto cotillee el modelito que su amiga del colegio, a la que no ve desde hace treinta años, llevaba el pasado sábado en la boda de su prima segunda de Cuenca, pero como fuente fiable de noticias no termino de verlas, máxime cuando cuaquiera puede decir lo que le venga en gana y corre como la pólvora dado el poco criterio general de crítica y la facilidad de compartir a la velocidad de la luz cualquier cosa que nos llega o vemos (y que a veces sin leer siquiera compartimos)
En la calle se escucha de todo. Dos barbaridades, porque no puedo definirlas de otra manera, que he escuchado en los últimos días son:
Primera.
Atención:
Cómo no iban a sacar los chinos un virus que no tiene vacuna.
Qué poco atentos los chinos que sacan una versión de un virus, como si de un teléfono móvil o un coche se tratara y viene sin parches de seguridad.
Hablamos de un virus como si de una canción del verano o una moda hortera se tratara.
A mí me dejó anonadada.
Segundo.
Y no menos sorprendente.
Para el Coronavirus no hay vacuna, pero eso vas y te vacunas de la gripe que como los síntomas son los mismos te sirve igual.
¡Toma ya!
Y aquí venga gastar millones buscando una vacuna cuando la solución está al alcance de la mano y seguro que hay cientos de miles de dosis de la última campaña de vacunación sin usar (y probablemente en vías de ser destruídas en breve)
Y si no quedan siempre podemos preguntar en nuestra farmacia de confianza la dosis de qué vacuna es la más cara y pedir que nos pongan una de esas para llevar. Que digo yo que siendo la más cara será la mejor y seguro que vale para lo que pone en su prospecto y para cualquier otra enfermedad nueva que a un chino de estos le dé por sacar (Nótese el modo ironía ON en este párrafo. Por si acaso alguien piensa que me he tomado una botella de ginebra a palo seco y en ayunas antes de escribir esto)
Lo peor es que hay quién escucha cosas de estas y se las cree, porque doy fe de que hay quien se ha presentado en su centro de salud para ponerse la vacuna de la gripe para protegerse contra este virus.
De traca. Como lo del aislamiento de ciudades como Milán o Venecia pero sin embargo permitir la salida internacional de aviones desde sus aeropuertos. Y que en los aeropuertos de destino, como los nuestros, no haya ni un mínimo de control sanitario de los pasajeros que llegan
¡Un aplauso por las grandes mentes que velan por la salud mundial porque se lo están currando!
Ironías aparte. No quiero restarle importancia, es una epidemia importante, pero tampoco creo que se trate del fin del mundo. La OMS da unas pautas sencillas para frenar el contagio que no son diferentes a las buenas costumbres que deberíamos guardar cada año frente a la gripe y en definitiva unas medidas higiénicas que deberían ser nuestro ABC de cada día.
No creo que la mitad de los que estamos por aquí vayamos a morir ni creo que sirva de nada crear alarma social, provocar el desabastecimiento de supermercados, cerrar colegios, institutos y universidades creando trastorno en los hogares de los que siguen teniendo que ir a trabajar y provocando que los niños en lugar de estar juntos en el colegio lo estén en parques, ludotecas o cualquier otro centro que los acoja durante el horario laboral de sus padres.
El tiempo me dará o me quitará la razón, pero mientras espero no sé si estoy dispuesta a escuchar tremenda sarta de tonterías.
En lo que estoy segura de que me vais a dar la razón es que este bundt que os traigo hoy está para ponerle un piso.
* 150 ml de cava
* 100 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 2 yogures griegos naturales (250 gramos)
* 120 gramos de mantequilla
* 9 gramos de levadura química
* 270 gramos de harina para repostería
* 40 gramos de almendra molida
* 150 gramos de frambuesas (las mías congeladas)
* 1 cucharadita de harina
Elaboración:
1. En un bol ponemos el azúcar y los huevos y batimos hasta que esponjen.
2. Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño maría y la añadimos poco a poco sin dejar de batir.
3. Incorporamos los yogures y batimos hasta integrar.
4. Añadimos el cava y mezclamos.
5. Por último añadimos la harina, la almendra molida y la levadura y mezclamos hasta que no queden grumos.
6. En un bol aparte ponemos las frambuesas y una cucharada de harina. Mezclamos para que queden bien rebozadas
7. Incorporamos las frambuesas a la mezcla y repartimos bien por toda la masa con ayuda de una espátula.
8. Untamos con mantequilla nuestro molde y vertemos la masa. Damos un par de golpes secos sobre la encimera por si quedara alguna burbuja de aire.
9. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante 55 - 60 minutos o hasta que al pinchar con un palillo este salga limpio.
10. Dejamos enfriar el molde sobre una rejilla porque el bundt es muy quebradizo al salir del horno y nos lo podemos cargar.
11. Cuando haya perdido calor y haya tomado más consistencia lo desmoldamos sobre una rejilla y dejamos enfriar por completo.
12. Antes de servir podemos espolvorear con azúcar glas.
Manos a la masa y ¡bon appétit!