Vuelvo de nuevo con una receta que es una bomba de calorías. Eso si, es un placer comerlos. No paras, ¡están tan buenos!



Ponemos en un cazo la mantequilla, el azúcar, el agua, el limón rallado y la pizca de sal. Dejamos que cueza y en cuanto empiece a hervir se echa la harina de una vez , y sin retirar del fuego lo movemos con una cuchara de madera hasta que se desprenda la mezcla de las paredes. 

Cuando la masa está templada le echamos los huevos de uno en uno, ojo, hasta que no se haya mezclado bien el primero no se echa el siguiente.


En ese momento preparamos la crema pastelera.
Cuando hayan pasado las dos horas se fríen en un cazo con bastante aceite. Para que nos salgan bonitos necesitamos dos cucharitas de postre. Echamos una pequeña cantidad de masa en una cuchara y con la otra damos forma redonda y la echamos en el cazo. Si los echamos con cuidado se forman ellos solos una bola y se van dando la vuelta. Son mágicos. Jijijijij.


pero en cuanto los rellenamos enseguida vuelven a su forma. Yo los relleno con una manga pastelera. Los pincho con un cuchillo y les meto la boquilla de la manga. Los dejamos enfriar y los bañamos de azúcar glass para que cojan el colorcito blanco. Los metemos a la nevera y nos los comemos fresquitos. Ojo, si estamos a dieta ni probarlosssss.