Fernando pensó que, en verdad, podía considerarse un ser muy afortunado: le faltaban miles de cosas, le habían robado cientos, lo habían engañado y manipulado, el mundo entero se iba al garete, pero todavía él poseía cuatro tesoros que, podía considerar los mejores premios de la vida. Porque tenía buenos libros para leer, tenía unos amigos a quienes abrazar, con quienes se podía emborrachar y soltarse a recordar otros tiempos que, en la benéfica distancia, parecían mejores; tenía una mujer a la que amaba y, si no se equivocaba demasiado, lo amaba a él y contaba con la seguridad de poder tener a su viejo profesor de pintura siempre que lo necesitara. Para él, su Maestro. Con esta seguridad acudió a ver a su Maestro y le contó su inquietud, le dijo que le gustaría llegar a la tristeza que hay en un hombre de cincuenta años. Que quisiera descubrirla, porque era una tristeza nueva…No es lo mismo el dolor que la tristeza, lo sabías? Tengo mucha experiencia en el dolor, en la ira, en el desengaño, en la frustración…, y también en el goce del éxito, aun cuando los demás no lo entendiesen y me dejaran en el borde del camino…Pero la tristeza es un sentimiento profundo, demasiado personal. La alegría y el dolor, la sorpresa y la ira son exultantes, cambian el rostro, la mirada…, pero la tristeza lo marca por dentro, dónde crees que puedes encontrar la tristeza? En los ojos. Todo está en los ojos No, la tristeza no. La tristeza está más allá de los ojos…hay que llegar al pensamiento, al alma del hombre para verla y hablar con esas profundidades para intentar reflejarla. Por eso muy pocos hombres han logrado retratar la tristeza…Un hombre triste nunca mira a quien tiene en frente. Busca algo que está más allá de quien lo observa, una huella remota, perdida en la distancia y a la vez dentro de sí mismo. Nunca mira hacia arriba, buscando una esperanza; tampoco hacia abajo, como alguien avergonzado o temeroso. Tiene la mirada fija en lo insondable…
CAKE DE ROQUEFORT Y ALBARICOQUES
180 gr de harina.
16 gr de levadura (tipo Royal).
Pizca de bicarbonato.
100 gr de queso roquefort.
100 gr de queso mozzarella rallado.
75 gr de albaricoques maduros (sustituibles por albaricoques secos ).
100 gr de leche de soja.
100 gr de clara de huevo.
95 gr de aceite de girasol.
Pimienta blanca molida (al gusto).
Pizca de azúcar (opcional).
Elaboración:
En un bol grande, batir las claras con las varillas hasta que doblen su volumen. Añadir el aceite y la leche y batir suavemente.
Incorporar la harina, la levadura y la pimienta blanca tamizadas, poco a poco, para que todo se integre bien.
Añadir a esta mezcla el queso mozzarella rallado, el roquefort desmigado y los albaricoques cortados en pequeños dados. Mezclarlo todo bien, verterlo en un molde apto para el microondas (he utilizado uno de silicona) y hornearlo destapado a la máxima potencia unos 10 minutos (mi micro tiene 850W). Podemos ir abriendo el microondas cada 3 o 4 minutos para comprobar el punto de cocción, sin que se pase.
Una vez fuera del microondas lo espolvoreamos con una pizca de azúcar (opcional) y lo metemos a gratinar 4 o 5 minutos en el horno normal, para que quede doradito.
Dejar enfriar y desmoldar.