
La cocina no tiene fronteras pero ha de tener raíces (Martin Berasategui).
En mis recuerdos aún perduran las imágenes de aquella hilera de casitas blancas y bajas, resguardadas de los temporales por un pequeño muro que rodeaban en algunas, como en la de mi familia materna, un pequeño porche alegrado por las voces, los cantos, las risas que se escuchaban y por las flores que colgaban en macetas eran regadas con las frescas aguas del pozo. Ése patio daba a la playa, donde sobre los chinorros, sentados en la arena los hombres remendaban las redes que se secaban al sol.
Aquellas humildes y alegres casas miraban a la mar, una veces cristalina otras bravías, unas veces con fuertes temporales otras cristalinas, siempre ribeteadas de festones de espumas que rompían en el rebalaje.
Me llegan los aromas a salitre, a pescado seco, al alquitrán que usaban los calafates para arreglar las barcas, al tinte de las redes, a las jábegas y sardinales que dormían en la seca arena, mientras los jabegotes, los marengos descansaban jugando al dominó con un vaso de vino en La Lonja, mientras la chiquillería jugaba en la playa ajenos al duro trabajo de los hombres y mujeres de la mar, de los marengos de El Palo.
Mi más tierna niñez, estuvo ligada al mar; no era consciente de ello, era la forma de vivir de mis mayores, que se ha ido perdiendo en la memoria de las generaciones actuales. Quizás por ello, humildemente he intentado desde que publico mi blog, escribir sobre ello, describir nuestras costumbres culinarias, a fin de que no se olviden y es que ser malagueña, ser paleña, es sentirme unida a mis antepasados, a sus valores, a sus costumbres, a los olores y sabores, es sentir nostalgia de su luz, de la mar, de sus costas, de las sierras y los campos; es sentirme orgullosa de cada palmo caminado y por caminar, de haber recorrido, vivido y aprendido a ser quien soy.
Me gusta proclamar la belleza y la riqueza de mi tierra, del mar..de la mar procurando dentro de mis posibilidades hacer sentir al que no conoce nuestras raíces, el impulso de conocerla.
Muchas de las páginas de la historia de Málaga, de nuestra historia se escribieron en la mar; el mar siempre ha inspirado a la humanidad, la han pintado, la han descrito, la han trabajado y de ella nos hemos alimentado desde los tiempos inmemoriales en éstas costas malagueñas.
Desde la más remota antigüedad, la provincia de Málaga ha estado intrínsecamente ligada al mar, a la extraordinaria riqueza pesquera, una de las causas principales que explicaría la importancia que tuvo a lo largo de la historia el litoral del Mar de Alborán, éstas costas mediterráneas que guardan verdaderos tesoros, especies pesqueras que han influido en la cultura, en la gastronomía basada en la pesca y por ende en la idiosincrasia de los malagueños.
La gastronomía, la alimentación está relacionada con lo que somos, a lo que pertenecemos, forma parte de nuestra identidad; los productos que se comen tienen historias asociadas con el pasado de quienes las comemos, las técnicas, empleadas para producir, encontrar, procesar, cocinar, preparar, servir y comer es parte de la historia de cada lugar.
La mayoría de las recetas que han ido pasando de generación en generación, los platos más simples, más sencillos que estaban engalanados por la necesidad de alimentarse, que han pasado a formar parte de la historia gastronómica malagueña se resuelven entre sartenes, cazuelas, a base de sofritos y guisos.
