
Efectivamente, como pensé ayer, la noche acabó siendo memorable. Para refrescar la memoria: nos metimos en un albergue cuya caseta estaba un poco apartada del pueblo, al lado de un riachuelo, totalmente solos y que además no había manera de cerrar la caseta y quedábamos allí a merced de quien quisiera entrar de noche a hacernos una visita. No me hizo ninguna gracia, claro, y como mi imaginación tiende a soltarse descontroladamente empecé a imaginar que un asesino de peregrinos entraría en cualquier momento, haría cualquier cosa con nosotros y nos echaría al río, a nosotros y a nuestras mochilas y desapareceríamos y nadie sabría ya nada más de nosotros. Todo eso. En un momento me monté la película. La única solución posible para evitar que entrara mi psicópata imaginario era atrancar la puerta. Pero no había con qué hacerlo (descartamos mover la lavadora, ya nos pareció demasiado). Bueno, había una opción… mover un colchón hasta delante de la puerta y dormir nosotros encima. Supongo que no hace falta que cuente cómo terminamos durmiendo :D
A la mañana siguiente, aún de noche, recogimos nuestra ropa del tendedero más húmeda de lo que la habíamos tendido la tarde anterior y dejamos el pueblo atrás. ¡Hoy será un día especial! Hoy subiremos a un sitio que recuerdo muy duro de llegar pero increíblemente bonito. Hace muchos años que quería volver y estoy como una niña el día de Reyes.
Dejamos atrás Vega de Valcarce y empezamos nuestro ascenso hasta El Cebreiro :)
Primero vamos bastante en llano cruzando aldeas con muchas vacas, algún perro y casi nadie en la calle. El olor a paja mojada es intenso y llega un momento que hasta me gusta porque me hace consciente de dónde estamos. Pasamos la última aldea y vemos un cartel, antes de empezar la subida, que indica “La Faba” y nos metemos en el bosque. Se va haciendo cada vez más y más frondoso, es como un bosque de hadas. Poco a poco empiezan a haber cuestas. Al principio son rampas, luego se van haciendo más inclinadas hasta que llega un momento que parece que estemos subiendo escalones y tenemos que parar cada pocos minutos para tomar aliento. De repente oímos un exabrupto detrás de nosotros y nos adelanta un ciclista subiendo la pendiente con la bicicleta a cuestas. Éste será vasco por lo menos, ¿cómo pretendía subir en bici unas rampas llenas de piedras que casi no podemos ni subir a pie?
Por fin llegamos a La Faba. Japoneses sentados por todas partes y nos paramos en un bar a descansar y desayunar algo. Hasta Cebreiro son 5 kms. más de subida continuada.
Continuamos la subida. Todos vamos mirando al suelo, sin hablar, hechos polvo. Nos cruzamos con más japoneses que llevan zapatillas de tenis. Ole por ellos. Bueno, yo hace un par de días iba en chanclas ;)
En medio de la subida hay un pueblo que se llama Laguna de Castilla. Allí nos encontramos con un grupo de chicos americanos que ya llevamos viendo desde Cacabelos. Son inconfundibles. A medio kilómetro de distancia se les oye. Van siempre gritando y siempre los pillamos bebiendo… en fin.
De repente nos topamos con una piedra que indica que en estos momentos entramos en Galicia. ¡¡Qué ilusión!! Y allí un señor de Eslovaquia con su mujer que estaba mucho más feliz que nosotros. Su sonrisa kilométrica y su ilusión son contagiosas. Nos cuenta que es la sexta vez que hace el Camino y cada vez se hace la misma foto, con la misma camiseta y la misma postura abriendo los brazos delante del mojón de la entrada a Galicia. Me encantan las tradiciones de la gente.
Por fin, tras unas horas de subida, llegamos a la entrada del pueblo de O Cebreiro. Ha sido mucho menos duro de lo que recordaba. Además la otra vez hacía frío, llovía y el ambiente en general era mucho más místico. Ahora hace sol, calor y hay muchos turistas. Creo que esto será mi lección de hoy: cada momento es único y hay que disfrutarlo en ese momento. Aunque en el futuro vuelvas al mismo sitio ya nunca será lo mismo, ese sitio ya no existe. Carpe diem.
Vistas desde O Cebreiro

1. Lavamos las fresas, les quitamos las hojas y las cortamos en trocitos. Las ponemos a macerar con el Pedro Ximénez durante 4-5 horas
2. Desmigamos un poco el queso fresco con un tenedor
3. En los platos donde sirvamos el postre colocaremos la cucharada de mermelada de fresas en el fondo, luego un poco del queso fresco, las fresas maceradas, el resto del queso fresco y la miel. Podemos poner también unas gotitas del Pedro Ximénez que ha quedado de macerar las fresas
Nuestra etapa no termina aquí. Dejamos atrás O Cebreiro y continuamos hacia el Alto do Poio, que para llegar allí hay unas subidas que menos mal que nos hemos alimentado con el queso y el pulpo que si no no hay piernas que aguanten eso.
Durante un buen rato vamos por lo alto de las montañas paralelos a una carretera. El cielo amenaza tormenta otra vez y hasta tenemos que sacar los chubasqueros para cuatro gotitas que empiezan a caer.
Al cabo de un buen rato de caminar llegamos a nuestro destino: Fonfría. Allí vemos un albergue que nos llama la atención. Se llama A Reboleira y es super bonito. Tiene hasta una palloza enorme aparte donde servirán la cena. Nos quedamos allí, claro! La chica que nos acoge en el albergue está muy loca y no podemos parar de reír con sus ocurrencias. Tiene un acento gallego marcadísimo y dice que es “como Heidy pero en galleguiña, con sus mofletes rojos y todo”, que “el albergue tiene camas dobles por si queréis achucharse” y va gritando por los pasillos que hay “reunión de brasileiros en la lavandería”… jajaja me encanta esta chica.
Fonfria y el interior de una palloza