
Salimos de nuestro albergue en Mercadoiro a las 7. Es totalmente de noche, cae una lluvia muy fina y la niebla es tan espesa que no nos deja ver más allá de 10 metros. Tomamos el lateral de la carretera y por lo visto nadie más se ha atrevido a salir en estas condiciones. Necesitamos las luces frontales para iluminar algo pero con la niebla y la lluvia hacen un efecto pantalla y sólo vemos una luz enfrente pero no el camino que debería estar iluminando. Mientras caminamos al borde de la carretera vamos tranquilos porque el suelo es firme y podemos seguir la forma de la carretera pero de repente vemos que las flechas amarillas indican que tenemos que tomar un sendero de tierra que baja y se mete dentro del bosque. No se ha hecho ni pizca de día, sigue lloviendo y la niebla no se ha dispersado y yo me niego a meterme en el bosque así. Decidimos pararnos al lado de la carretera a esperar que se haga algo de día y al menos veamos dónde nos pisamos. Pasa primero un coche y luego otro. Nosotros somos dos figuras quietas al borde de una carretera, cubiertos con dos chubasqueros en medio de una curva… la imagen que habrán tenido esos dos conductores tiene que haber sido inquietante. Aún es de noche y vemos dos luces que se acercan por donde hemos llegado nosotros. Creemos que es un coche pero van más lentas y se mueven cada una por su lado. A través de la niebla van llegando y, finalmente, como salidos de la película Encuentros en la tercera fase, aparecen dos figuras cada uno con su frontal y cubiertos con una capa hasta los pies. Dos peregrinos!! Llegan donde estamos nosotros, miran hacia dónde señala la flecha, y sin dudarlo se meten en el bosque. Nosotros dos nos miramos y casi sin pensarlo salimos corriendo detrás de ellos. Bajan por una pendiente empinada y resbaladiza pegando saltitos a una velocidad increíble. Desde este momento pasarán a llamarse los cabrillas, con todo el cariño del mundo.
El río Miño a su paso por Portomarin al amanecer


Frutas:
1. Para preparar el sirope lavamos bien la fruta y la hierbabuena y ponemos el agua a ebullición con el azúcar, las grosellas y las frambuesas. Retiramos del fuego y añadimos 15 hojas de hierbabuena. Lo tapamos y lo dejamos reposar 20 minutos
2. Lavamos las frutas y las cortamos. Cortamos y despepitamos las uvas.
3. Servimos poniendo un buen puñado de fruta cortada bien cubierta por el sirope colado, todo ello reposado en la nevera al menos dos horas.
Tras una larga tarde caminando, al final llegamos a Palas de Rei, que es más de lo previsto. Al comienzo del pueblo encontramos el Albergue San Marcos, que está muy nuevo, limpísimo y con unos lujos como secadoras de ropa que realmente secan la ropa! En la lavandería, sin embargo, me encuentro con una señora que se pone a hablar conmigo quejándose de que le queda la ropa húmeda. ¡Si supiera que yo me he estado poniendo los calcetines mucho más húmedos cada día desde que entramos en Galicia! Para mi poder tener una máquina que en pocos minutos te seca la ropa es una maravilla. Por la noche bajamos al comedor a prepararnos algo para cenar y nos encontramos a los brasileños. Parece que van más o menos al mismo ritmo que nosotros porque últimamente los vemos cada día. Cenamos y nos vamos a dormir en seguida. Hoy ha sido un día que ha empezado raro pero luego se ha vuelto tan anodino que seguramente podríamos sacarlo del recorrido y no pasaría nada. Fuera del albergue hay gente bebiendo y gritando pero estamos tan cansados que caemos redondos.
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