Hay algo mágico en sacar del horno una cazuela humeante, con los bordes ligeramente dorados y ese aroma que llena toda la cocina. No necesitas ser una cocinera experimentada para lograrlo; de hecho, es uno de esos platos que parece complicado pero funciona casi solo, como si la cerámica caliente hiciera la mitad del trabajo por ti.
Lo bueno de este tipo de preparaciones es que se adaptan a lo que tengas en la nevera. Pollo, pescado, verduras, fideos... todo encaja. Y lo mejor: mientras se hace, tú puedes estar tranquila. No hay que estar pendiente cada dos por tres. Solo necesitas un buen recipiente de cerámica o barro, ingredientes frescos y ganas de sorprender en la mesa.
Te traemos una selección de recetas que van desde lo más clásico hasta propuestas que quizá no esperabas. Cada una tiene su punto especial, y todas te van a pedir repetir.
El clásico de los clásicos llevado a su máxima expresión. Todo lo que necesitas saber sobre cómo el bacalao se comporta en el horno y qué acompañamientos lo hacen irresistible.

Aquí verás desde el tipo de pescado que funciona mejor hasta los tiempos de cocción exactos. Una lección práctica para que no se te reseque nada.

Descubre cómo una receta aparentemente sencilla se convierte en algo elegante y sabroso. Perfecta para una comida rápida o un entrante que impresione.

Un repaso por la técnica que mantiene el pollo jugoso por dentro y dorado por fuera. La receta que tus invitados van a pedir para llevarse a casa.

Dos ingredientes de lujo preparados de forma sencilla. Te sorprenderá lo poco que necesitas para que el marisco brille con luz propia.

La tinta, la textura de los fideos y esa sepia tierna son los protagonistas. Una receta tradicional que funciona cada vez que la haces.

Aprende a jugar con las texturas: el arroz cremoso, los calamares masticables y las setas en su punto. Más fácil de lo que parece.

Dos proteínas nobles que se respetan la una a la otra en el horno. Una apuesta segura para cuando quieras dejar boquiabiertos a tus comensales sin complicaciones.

Ya ves que las opciones son amplias. Lo importante es que disfrutes del proceso y no tengas miedo de experimentar con lo que tengas a mano. La cazuela es generosa: casi siempre sale bien.