
Las chuletas de cerdo pueden resultar un bocado exquisito o convertirse en una especie de suela de zapato, lo que dependerá de cómo la cocinemos, puesto que como el contenido en grasa infiltrada (la grasa intramuscular) de este corte no es mucho se corre el riesgo de dejarlas demasiado secas. Una opción para evitarlo es sellarlas (pasarlas, vuelta y vuelta, por una sartén muy caliente) y así conseguir que los jugos no se pierdan con el cocinado posterior al horno. Si además las guisamos envueltas en una salsa de tomate, por ejemplo, el resultado será mucho más satisfactorio que si las freímos o las hacemos a la plancha.
Otra cosa que hemos de tener en cuenta es que cuanto más fina sea la chuleta más seca quedará al cocinarla, y, naturalmente, recordar, que la calidad de la materia prima es fundamental. Un último consejo: si tiene las chuletas en la nevera, sáquelas con tiempo suficiente para que cojan la temperatura ambiente, así será más eficaz el sellado, ya que no enfriarán la sartén.
Ingredientes para cuatro personas
Cuatro chuletas de cerdo gruesas
1 1/2 kg de tomates maduros
Una cebolla
Dos dientes de ajo
Una cucharada de orégano
Una pizca de azúcar
Sal
Pimienta
Aceite de oliva
