Un chutney es una salsa especiada, originaria de la india, que suele servir como guarnición a otros platos. En el idioma hindí, significa "aplastar", puesto que en el proceso de elaboración es necesario aplastar los ingredientes.
A mí me recuerda, tanto en su elaboración como en su textura, a una mermelada, pero salada que sirve como acompañamiento y toque ideal para platos de carne. Yo diría que es una mermelada salada o una salsita dulce perfecta, como ya os digo, para darle alegría a un simple filete de pollo a la plancha o, como no, para acompañar a platos de carne más elaborados.
Esta que os traigo hoy no será la última porque me ha encantado. La preparé con las últimas ciruelas claudias del verano pasado y ha aguantado envasada al vacío hasta que hace un par de semanas encontré la ocasión para abrirla. No me he arrepentido, desde luego y ya estoy pensando cómo voy a emplear los otros botes que me quedan.
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Para calcular las medidas en tazas, podéis haceros con alguna jarra medidora. No es que sean imprescindibles, pero sí muy útiles en la cocina y algunas os valen para medir tanto líquidos como sólidos.
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Para hacerlo a la manera tradicional (sin My Cook), sigue los pasos del 1 al 3 exactamente igual. Luego, preparas un almíbar con el vinagre y el azúcar en una cazuela de fondo grueso, dejando cocer hasta que estén bien integrados.
Incorpora el resto de los ingredientes partidos en trozos más bien pequeños y llévalo a ebullición sin dejar de remover durante media hora. Mientras cuece, ve aplastando las frutas con un tenedor. Si lo crees necesario, déjalo cocer un poco más hasta que obtenga textura como de mermelada. Si lo prefieres, puedes triturar todo (salvo el palo de canela) con la batidora.
El resultado, no os lo váis a poder ni imaginar cuando lo probéis, ¡delicioso! Una salsita ideal para prepararla hoy mismo y acompañar una comida especial de fin de semana.
¡Disfrutadlo!
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