
El tiempo desapacible ha comenzado a notarse y de qué manera, hasta hace pocos semanas estábamos en manga de camisa disfrutando de un verano prolongado y de golpe y porrazo otra vez nos amenaza la lluvia y el frío, o lo que es lo mismo, la dana, palabreja ésta totalmente desconocida para mi y que de un mes a esta parte, está presente en todos los informativos para hablar de la gota fría.
Pero volviendo a la cocina, estos días apetece especialmente platos de cuchara, en mi casa los domingos suelo cocinar este tipo de recetas que me gusta hacerlas a fuego lento, además como en este caso, cuando hago cocido madrileño, aprovecho para juntar a toda mi familia alrededor de un buen plato de garbanzos.
Hablar de cocido es hablar junto a los callos del plato más representativo de Madrid, su ingrediente principal son los garbanzos que comparten protagonismo con las verduras y las distintos tipos de carnes, ternera, cerdo o aves.
La forma mas clásica de servirlo es en tres partes y por separado, por un lado primero se sirve la sopa, resultante de la cocción de todos los ingredientes, a continuación los garbanzos con las verduras y las patatas y por último la carne.
El cocido madrileño al parecer comparte su origen humilde con el montañés o el maragato, a diferencia en éste último, se comienza con las viandas, es decir las carnes, le siguen después los garbanzos con las verduras y la sopa queda para el final.
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Cada vez que preparo un cocido madrileño, un potaje o una fabada cualquier otro guiso de cuchara, recuerdo a mi madre y los interminables ratos junto a ella viéndola cocinar y aunque por el ritmo de vida no siempre me es posible cocinar como me gustaría, a fuego lento y al ritmo del chup-chup, aprovecho cualquier ocasión para hacerlo. Espero que os haya gustado y nos vemos pronto.