Hay muchos trucos para que la casa entera no huela a bomba fétida al cocer coliflor pero ninguno de ellos es capaz de eliminar el sabor a hediondez que sigue desprendiendo una vez en la boca de aquel a quien no le gusta. A mi al menos nada salvo lapidarla bajo una cantidad obscena de queso me ha ayudado a desarrollar afecto alguno por la coliflor hervida. Lo peor de todo es que en casa comemos coliflor prácticamente todas las semanas porque mi hermana ha descubierto que le vuelve loca y además entra dentro de las pocas cosas que se pueden comer con su dieta.
En busca de una manera sana y sin embargo apetecible de comer está verdura del demonio descubrí que había un club secreto de personas que asan la coliflor en lugar de hervirla consiguiendo así un tono tostado maravilloso y un agaradable sabor acaramelado muy superior al hedor de la coliflor hervida. Si a esta ecuación de horno y coliflor le añadimos además otros elementos mágicos como las especias, la salsa de soja o el ajo conseguimos sin apenas ningún esfuerzo, ni olor indeseado, obrar un milagro y hacer una coliflor apta para todos los gustos, incluso para aquellos que, como yo, intentan mantenerse tan alejados de ella como les sea posible.
Si aún no pertenecéis al club de los asadores de coliflor os ánimo a que lo hagáis porque os aseguro que no habrá vuelta atrás.
Otros ingredientes que suelo añadir