
Vamos al lío, que luego decís que me enrollo mucho.
Lo primero que tenemos que hacer es comprobar que las cañaíllas están en perfectas condiciones y todas tienen bicho.
Las lavamos bien, poniéndolas en un recipiente con abundante agua fría, y las tenemos dentro una media hora, con esto conseguiremos que expulsen la mayoría de la tierra.
Ahora seguiremos el procedimiento siguiendo las indicaciones de mi querido hermano, un experto en la materia, aunque supongo que cada maestrillo tendrá su librillo.
Llenamos una olla con agua fría y vamos introduciendo las cañaillas.

Añadimos un puñado de sal marina, en éste caso de la Bahía de Cádiz.

Y ponemos la olla al fuego. Desde que el agua comienza a hervir, calculamos 5 minutos.
Pasado éste tiempo, las dejamos reposar en el mismo agua y cuando se hayan enfriado las escurrimos y a disfrutar. A nosotros nos gustan templaditas, pero es cuestión de gustos. Si no queréis consumirlas en el mismo día y os gustan templaditas, las sumergís en agua caliente durante 10 segundos y las disfrutaréis al máximo.
