Esta receta es de esas que guardas en el corazón con llave de dos vueltas... Nunca la había escrito en ningún sitio, no hacía falta, porque quien me la transmitió hace ya un montón de años cuando yo era una niña, no precisaba de básculas, ni medidores, ni "ná". Ella, junto con mi madre, son las personas de las que he heredado el amor por la cocina, de hecho, el 90% de los recuerdos que tengo suyos durante mi infancia, transcurren en la cocina.
Ella es mi abuela Ana.
Como muchos de nuestros abuelos, que vivieron épocas muy complicadas, su memoria está cargada de historias y recuerdos con los que podría escribirse una novela. Mi abuela es extremeña, aunque vive en Zamora desde que era muy jovencita. Allí fue cocinera, en la casa de "un señor importante" y además de conquistar con su toque mágico en la cocina los estómagos de los invitados que allí se alojaban, con su sencillez supo conquistar también el cariño y el aprecio de las personas para las que trabajaba. Ella es todo un ejemplo de mujer luchadora y trabajadora. Y lo sigue siendo porque a día de hoy, sigue luchando.
Podría contaros cientos de anécdotas sobre ella, pero, he de volver a las empanadillas. Como os decía antes, uno de los acontecimientos que más disfrutaba en la cocina de mi abuela cuando era pequeña, era el momento en que hacía la masa de las empanadillas. El sutil olor del aceite y el vino blanco mezclándose con la harina se me ha quedado grabado en ese archivo de olores que todos tenemos escondido en algún rincón de la cocorota, y cada vez que preparo esta receta, inspiro profundamente el aroma para volver, por unos segundos, a aquel momento mágico en que mis ojos de niña observaban cómo mi abuela mezclaba todos los ingredientes y creaba una bola de masa gigante que me dejaba manosear durante un buen rato.
Si fuera mi abuela la que tuviera que daros los ingredientes de esta receta, os lo pondría así: "le pones un vaso aceite, un vaso vino, la sal y harina la que pida". Jajaja! Genial, verdad? y es que, cómo narices hacían antes las abuelas para compartir recetas? En fin, yo he tratado de traducir estas cantidades a unidades de medida de las que utilizamos ahora ;-), y así puedo compartir aquí con vosotros las empanadillas de mi vida!
Vivan todas las abuelas!
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| En primer plano, empanadillas fritas. Al fondo, empanadillas horneadas. |
MASA PARA EMPANADILLAS CASERAS
Ingredientes (para 16-18 empanadillas):
150 ml. de vino blanco
125 ml. de aceite de oliva
350 gr. de harina normal (aproximadamente*)
1 cucharadita de sal
Elaboración:
A tener en cuenta:
Si deseamos que el cocinado sea más ligero, es mejor optar por hornear las empanadillas, ya que durante el proceso de fritura la masa absorve aceite, incrementando el valor calórico de la receta. Yo he hecho las dos versiones, para que veáis cómo quedan. Dicho esto, mi abuela siempre las freía, y estaban de miedo.
Cuidado con las cantidades de relleno que le ponéis que luego no hay quien cierre las empanadillas! Yo me ayudo con una cucharita de postre para guiarme y así no me paso!
Gracias por vuestro tiempo y hasta la próxima receta!