
Si a la cantidad de comida extra que se le proporciona al cuerpo, añadimos que, generalmente, está cocinada de forma distinta (con alimentos y condimentos más fuertes de lo que se está acostumbrado), se obtiene como resultado que muchos padezcan molestas indigestiones provocadas por estas comilonas. Y es que los excesos navideños acaban haciendo mella. Por ello, es aconsejable que, aunque se coma y beba más de lo habitual siempre se haga conscientemente y sabiendo lo que el organismo puede aguantar.

Por otro lado, hay que señalar que existen personas con tendencia a padecer esta irritación, ya sea por la ingestión de alimentos que no les hacen bien, por el consumo de ciertos líquidos o por el uso de ciertos medicamentos. Además, es importante saber que el estrés es un factor decisivo para provocar este trastorno y, por ello, las preocupaciones aumentan la posibilidad de que se presente, mientras que la desaparición de la ansiedad dará lugar a una mejor realización de las digestiones.
Sin embargo, se puede sostener que el principal factor desencadenante de una indigestión es el hecho de consumir abundantes alimentos difíciles de digerir, es decir, grasas, las toxinas que contienen los alimentos y determinados minerales. Si a ello, se le suma la ingestión de alcohol en cantidades superiores a las debidas, que se suele producir en Navidad, tendrá lugar una combinación en el estómago que sólo prodrá provocar malestar.

El principal problema que presentan estos alimentos es que contienen un alto grado de proteínas, grasas y toxinas que el cuerpo se ve incapaz de asimilar. Esto da lugar a los síntomas más frecuentes de una indigestión que son las naúseas, el dolor de estómago, la hinchazón abdominal, punzadas dolorosas, así como abundantes gases y flatulencia. De este modo, numerosas personas ven todos los años cómo lo que iba a ser un ambiente festivo y alegre, pasa a convertirse en un periodo de malestar desagradable.

No obstante, existen recomendaciones que ayudan a prevenir esta dolencia. Así, conviene no irse a la cama al poco tiempo de haber ingerido estos alimentos, ya que la digestión por la noche es más lenta y puede producir acidez. Por este motivo hay que dejar transcurrir un periodo de entre dos o tres horas entre la cena y el momento de acostarse. Igualmente, conviene sustituir el habitual café posterior a la comida por algún tipo de infusión, como la manzanilla, el anís o la menta, que reducen la flatulencia. Finalmente, hay que apuntar la necesidad de hacer un almuerzo ligero si se sabe que por la noche se va a cometer algún exceso. Además, es conveniente conocer el efecto perjudicial del licor en el proceso de digestión, por lo que no se debe abusar de él, si no se desea aumentar el riesgo de padecer algún trastorno estomacal.

Además, conviene llevar una alimentación ligera, carente de grasas y condimentos. En el caso de que el trastorno se prolongue demasiado tiempo o se empeore, es necesario consultar al médico con el fin de que determine las causas de esa indigestión, ya que puede estar ocasionada por problemas de índole más grave, como una úlcera o un bloqueo de intestinos.

En el caso de que se haya bebido demasiado, a la mañana siguiente se recomienda ingerir una infusión mentolada, ya que la menta reduce la contracción muscular y tiene efectos beneficiosos en el estómago. Por otro lado, se puede tomar una vaso de leche con una cucharadita de bicarbonato o, si se prefiere, zumo de frutas, como de pomelo o manzana que aportan vitaminas A y C que se habrán perdido con la sudoración y la orina. Por último, hay que señalar la importancia del agua en estos casos, ya que ayuda a recuperar los minerales y oligoelementos perdidos. Si es posible, es muy beneficioso beber varios vasos antes de acostarse, para que al día siguiente la recuperación no sea tan costosa.