
INGREDIENTES:
500 gr de pulpa de manzana en trozos (la manzana pelada y sin semillas)
300 ml de agua
zumo de 1/2 limón
3 cucharadas de azúcar (opcional)
1 vaina de vainilla o 1 rama de canela
1. Pon una olla al fuego con el agua, el azúcar y la vainilla cortada a lo largo por la mitad. Si las manzanas son muy dulces puedes eliminar el azúcar o echar menos cantidad. Otra opción es sustituir este ingrediente por algún edulcorante líquido sin calorías, que añadiríamos justo antes de tomar la compota y no durante su elaboración.
2. Agrega las manzanas troceadas (sin piel, ni semillas) y rociadas con el zumo de limón. Deja que el conjunto hierva a fuego moderado- bajo. De vez en cuando, vigila que el líquido no se consuma en exceso. Si es necesario añade un poco más de agua.
3. Cuando las manzanas estén bien cocidas (observarás que están algo deshechas) retira la compota del fuego y quita la vainilla. La compota puede consumirse así, con tropezones, o bien pasarla por la batidora para obtener una textura más ligera.
4. Sirve la compota templada o fría. Guárdala en la nevera y vuelve a calentarla si lo deseas. 
Además de la vainilla o la rama de canela (si usas esta última no necesitas cortarla al medio) se puede emplear piel de cítricos para aromatizar la compota, ya sea de naranja o de limón. En ambos casos procura evitar en lo posible la parte blanca, pues es la que aporta sabor amargo.
Algunas personas prefieren no poner azúcar durante la elaboración, dejando libertad a cada comensal para añadir la cantidad que desee al momento de consumirla. De esta forma, el azúcar no queda tan disuelto ni integrado, pero el postre resulta igualmente sabroso.
Conserva la compota en la nevera de dos a tres días si no lleva azúcar, y hasta seis si lo lleva.
¡Buen provecho!
Nos vemos en la siguiente publicación, mientras podéis encontrarme en mi página de Facebook , en Google +, Pinterest e Instagram.