
Desde la antigüedad tenemos constancia del consumo de hongos, que, además, se empleaban a la hora de hacer fuegos e incluso con fines medicinales. Y todavía en la actualidad se está investigando con ellos para afrontar diferentes enfermedades como, por ejemplo, el cáncer.
El pie es muy pequeño y con forma de cilindro. Además, como contienen látex, cuando se rompen segregan un líquido naranja que impregna.
Su carne es compacta y blanca en el interior y se va volviendo naranja a medida que nos acercamos a su contorno. Desprenden un aroma bastante agradable, aunque luego al paladar resultan un poco amargos.

A la hora de la recolección, muchas personas se plantean si se trata de una especie venenosa, ya que el color verde que toman en algunas ocasiones puede llevar a equívocos. Por ello, hemos de tener claro que la presencia verdosa en los níscalos es absolutamente normal.
En España las zonas donde más abundan son Navarra, Cataluña, País Vasco y Andalucía, aunque también los encontramos, por ejemplo, en Galicia o en Aragón. Los seteros suelen confundirlos con los hongos de abeto, pero éste no se torna de verde y además su calidad culinaria es inferior.
Actualmente, es muy habitual encontrárnoslos como relleno tanto de carnes como de pescados y la última tendencia es convertirlos en un sabroso y nutritivo helado.

Son un alimento con una excelente fama y su calidad va disminuyendo a medida que pasan los días. Por ello, es necesario encontrar un buen método de conservación. Algunas sugerencias son:
-Hacer una vinagreta y, de esta manera, mantenerlos.
Recetas con níscalos:
Arroz a la cazadora