Cuando tu vida es un constante viaje a Ikea y andas por el mundo con el pelo, las uñas y la cara pintadas del blanco de tus paredes y llegas a casa tan cansada que lo único que pides de la comida es que te de consuelo, lo normal es que tires de recetas que exigen un nivel cognitivo muy escaso. Los huevos con pimientos del piquillo, las tortillas, los sandwiches, el atún en conserva, las pechugas vuelta y vuelta... Son platos que forman parte de la logística cotidiana y que nadie necesita que le digan como se hacen. Nadie necesita que le digan, por ejemplo, como hacer una pechuga de pollo vuelta y vuelta. Es un plato que hasta en la cocina mas cutre del piso de estudiantes más indecente se resuelve con bastante dignidad.
Sin embargo, yo que últimamente abuso de este recetario tan elemental, he descubierto un truco que consigue sacar de las pechugas todo el glamour que hay en ellas. Es algo tan sencillo y tan gratificante que soy incapaz de guardarme el solamente para mi. El truco está en hacer un marinado sencillo a base de aceite, ajo y limón como ingredientes básicos que, por supuesto, se puede elaborar hasta donde la imaginación alcance. El marinado funciona de dos maneras. Por un parte, cubre las pechugas con una gabardina impermeable al secado zapatilla típico y por otro las perfuma con el aroma sutil y siempre apropiado del limón y el ajo. Os aseguro que es probarlo una vez y no mirar de nuevo atrás, porque el resultado son unas pechugas jugosas y emocionantemente delicadas capaces de conseguir abrir el apetito del estómago más apático y revirado del planeta.
Descubrí el truco hace poco en el libro How to Eat de Nigella Lawson. Un libros de cocina mejor escritos que haya caído en mis manos. Nigella es una de esas pocas personas que nacieron con el don de la cocina y de de la palabra al mismo tiempo y yo la adoro por ello. En el libro la autora insiste en más de una ocasión sobre la conveniencia de marinar el pollo y yo, que no necesito que me diga dos veces que haga una de sus recetas, tarde medio minuto en probarlo.
3. Descarta el marinado y reboza las pechugas en una mezcla de pan rallado y polenta. (Este paso no es necesario y tampoco hace falta que te líes la manta si no tienes polenta, yo la utilizo porque me gusta la textura crujiente que le da al rebozado. También puedes pasar las pechugas primero por huevo batido si lo prefieres)
1. El empanado del pollo es opcional, el resultado haciéndolo a la plancha es igual de satisfactorio. Si decides empanarlo, puedes hacerlo como sueles empanarlo habitualmente, con huevo y pan rayado, con panco, con corn flakes.. con lo quieras. A mi me gusta usar una mezcla de polenta y de pan rayado grueso.
2. Aromatiza el pollo con los sabores que prefieras. Si no tienes tomillo, usa orégano, perejil o albahaca por ejemplo, o añade sabores más contundentes como el comino, el cilantro, el curry etc. Quedá muy bien también añadiendo un poco de mostaza al marinado como dos cucharaditas por pechuga o más, si decides utilizarla rebaja un poco o omite el zumo de limón porque de lo contrario el resultado será demasiado ácido.