Primero lavamos los mejillones y los limpiamos con cuidado, quitándoles las barbas y los pequeños moluscos que puedan tener pegados a la concha. Es importante escoger los que tengan las conchas enteras ya que las vamos a usar para rellenarlas.
Ponemos los mejillones con un poco de agua en una sartén u olla baja, los tapamos y los tenemos al fuego hasta que se abran. Cuando estén listos, los retiramos del fuego, los apartamos en un plato. Colamos el agua sobrante y la reservamos.
Ahora nos vamos a poner con la bechamel. Derretimos la mantequilla en un cazo y después añadimos la harina, revolvemos hasta que se forme una pasta y comenzamos a echar la leche (mejor si está templada) poco a poco, mezclando todo el tiempo para conseguir una masa homogénea y sin grumos. Cuando tengamos una masa densa, añadimos poco a poco el agua de los mejillones (3/4 de vaso) y mezclamos bien hasta que el resultado sea una masa no líquida que podamos trabajar bien. Retiramos del fuego.
Picamos los mejillones en trocitos muy pequeñitos y los mezclamos con la bechamel. Ponemos el resultado en una fuente o tupper, lo tapamos con papel film y dejamos que enfríe (lo mejor es dejarlo toda la noche).
Ver imagen
Cuando tengamos la masa fría y lista, rellenamos las conchas de mejillón con la bechamel ayudándonos de una cuchara.
Por último, pasamos el mejillón por la parte de la bechamel primero por el huevo batido y después por pan rallado. 